Ir al contenido principal

Entradas

Mostrando entradas de mayo 16, 2016

Escribo para mi gato VI. El hijo de la costurera

Así salió él de mujeriego.

Cada tarde, cuando llegaba del colegio, con la calle ya entre dos luces, encontraba en la galería -junto al pan con chocolate y el hoyo de aceite- a una señora en viso.
Algunas eran delgadas, casi niñas, con esas cinturas apenas salidas de la infancia que se recuestan todavía en unas caderas a medio hacer.
Otras, en cambio, eran señoras-señoras, como les gustaban a su padre y a sus amigos del casinillo. Rotundas les llamaba su tío Pedro. Imponentes les llamaba Julián, el del colmado.

A él le gustaban todas. Las menudas y las entraditas en carnes. Las morenas, las rubias. Las de la piel pecosa y blanca como la espumilla de la leche que hervía en los cazos. Las de piel oscura. Las que parloteaban sin cesar mientras su madre, la costurera del barrio, les iba respondiendo como podía, jugándose la vida con los alfileres en la boca.
Le gustaban también las que callaban y se limitaban a asentir a este o a aquel comentario sin dar pie a conversaciones.

Ellas, todas…