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Mostrando entradas de agosto 23, 2016

Escribo para mi gato IX. Dondiego de noche

¿Ya le he dicho, señor juez, que en los momentos más íntimos -usted ya me entiende- yo nunca le llamaba por su nombre? Siempre era, para mí, dondiego de noche.
Que dirá usted que por qué ese nombre. Y yo se lo voy a explicar porque, aunque parezca que me voy por las ramas, tiene que ver mucho, pero que mucho, con todo lo que pasó.

¿Conoce usted, señor juez, el dondiego de noche? No, seguro; no tiene usted cara de cultivar jardines ni arriates.
Pues sepa usted que es una planta que llama poco la atención. Crece, ¿cómo se lo diría para que me entendiera si nunca la ha visto?, como asilvestrada. Es un arbusto desmañado que no puede competir con tantas flores maravillosas y plantas deslumbrantes como pueblan los jardines de los amantes de lo verde. Sería arrancado para poner en su lugar rosales, buganvilias, jazmines... cualquiera podría sustituirlo y ganaría en la comparación si no fuera por el secreto que esconde en su interior.
Y es un secreto que estalla cuando llega el atardecer ver…