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Mostrando entradas de junio 26, 2017

Escribo para mi gato. XV. Sin final feliz

Ella llevaba todavía calcetines. No hubo manera de convencer a su madre. Se habían de llevar los calcetines hasta los quince y ella no los cumplía hasta mayo. Y llevaba aún sus faldas plisadas, las blusitas de batista o los jerséis hechos con tricotosa. Y, por supuesto, los dichosos calcetines. Desentonaba con las muchachas que ya vestían tejanos de campana y habían dejado atrás las trenzas. Él tenía los ojos más claros con los que ella se había cruzado. Y un pelo rebelde que se despeinaba cuidadosamente para que le cayera sobre los ojos. La esperaba cada tarde al acabar las clases, encendiendo un cigarro recostado en el umbral de la verja del instituto. Bajaban por las calles muy despacito, para hacer eterno el camino y alargar la conversación. Qué había hecho ese día, qué había aprendido en clase. Ella sonreía por dentro: era lo mismo que le preguntaba tantas veces su padre cuando estaban juntos sin mucho de qué hablar. A veces se sentaban en los escalones de aquel barrio todo cuestas.…