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El fuego

El fuego ha fascinado a la humanidad desde el principio de los tiempos. Por su poder, por su fuerza, por su utilidad y, cómo no, por su misterio, ha sido un elemento mágico en torno al cual tejer leyendas.

Nos quedamos mirando una candela y podemos pasar horas y horas enfrascados en seguir el vaivén de las llamas y el salto de las chispas.

Como elemento mágico que es centra muchas de las fiestas de la antigüedad y actuales. Hoy en día, en Cataluña, los diablos y sus correfocs y cercavilas de fuego llenan pueblos y ciudades a la hora de las fiestas.

Yo siempre había sido espectadora y el corazón se me había acelerado cuando las chispas se acercaban y el olor a pólvora te bajaba por la garganta. Y sin embargo, jamás había probado esa experiencia hasta el pasado sábado.
Aprovechando un "cursillo" para los papás y mamás acompañantes de diablos y tabalers hice mi bautismo de fuego.

Ahí me tenéis, sin mucha gracia pero con mucho entusiasmo, haciendo girar la carretilla y recibiendo la lluvia de fuego.
Fue un momento especial, liberador. El sonido, las chispas, la luz. Un momento especial. Sentirse protectora y protegida. Parte de una historia de siglos. Pedí un deseo. ¿Por qué no? El fuego, que nos es imprescindible, también es un Dios.
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(Imagen: fotografía personal. 19 de noviembre de 2011)

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