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Cosas que amargan los días.

Un mensaje que no obtiene la respuesta esperada.
Saber que las cosas terminan, así queramos o no.
Palabras que se dicen a destiempo. Silencios que se lanzan a destiempo. Gestos que no se entienden.

Las primeras hojas coloreadas por el otoño.
Un día en el que sol se nos niega.
La soledad impuesta.

Amigos que se desvanecen y presencias que se imponen.
Las canas, las arrugas, el peso de los años.
La infancia tan lejana y el fin tan cerca.

Tomar las decisiones equivocadas. Posponer los deseos. Temer los cambios. Renunciar a ilusiones. Cargar con culpas.

Las lágrimas que no puedes evitar y las sonrisas que se hielan.
Los inviernos furtivos que atacan en abril.

Las despedidas, siempre. Los adioses, a cualquiera.
Los borrones en el libro de nuestra vida. Tachar días vacíos. Esperar lo que se sabe imposible.

Olvidar cómo sonaba una voz querida. Repasar álbumes llenos de muertos.

Ir y no volver. Regresar y no quedarse. Permanecer sin querer. Cambiar sin ánimo.

Los deseos no cumplidos. Las promesas rotas. Los propósitos imposibles.

Que la lluvia te cale. El frío fuera y dentro. Perder un objeto pequeño y querido.

Un grito injusto. Alguien que no te invita. Un desaire. Un vacío. El buzón sin cartas. El teléfono frío.

La cama revuelta de una noche de insomnio. La sopa tibia. Un cajón revuelto. Papeles extraviados. Una historia sin final feliz. Un saludo negado.

Que te quisieran y no te quieran. Que te extrañaran y te olviden.
Un dolor insidioso en medio de la noche. Olvidar un recado. Perder las llaves. Pisar un insecto.

Sentirse menos sabiéndose más. Amar sin ganas. Odiar sin esfuerzo.

Escribir una lista de amarguras.

Imagen: 'Paisaje triste' de Juan Esteban Pieralisi.

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