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Crónica de la excepción. Día 6

A todos nos gusta que nos digan la verdad. Es más, exigimos que nos digan la verdad.
Se le reprochan las mentiras, o las medias verdades, a amigos, familia, compañeros y, como no podía ser menos, a los políticos que salen a la palestra y desmienten con sus palabras lo que hay o lo que ha habido.

Y sin embargo, ayer, cuando poco después de las tres de la tarde, salió el Sr. Sánchez a comunicarnos las medidas económicas para paliar el desastre que se le viene encima a este país, oír la verdad nos sacudió como nunca.

Tanto tiempo mintiéndonos, para que ahora la verdad nos haya resultado un trago tan amargo.
Que vendrán días largos y duros. Y lo repitió varias veces por si —los distraídos y frívolos como yo que nos fijamos en ternos, corbatas y gestos— no lo hubiésemos oído.

Días largos y duros.

Y luego nos invitó a resistir, parafraseando a Winston Churchill.
No sé yo si recurrir a esa inspiración fue un feliz acierto. Asesores debe tener que no lo dejen a la intemperie cuando se trata de momentos tan históricos, pero el momento en el que Churchill invitó a la lucha y a la no rendición fue uno de los más complicados en la historia de esta Europa que ahora parece hacer agua.
Quizá se lo sugirieron porque de aquel momento se salió con bien y valieron la pena la lucha y la resistencia. Y eso es lo que esperamos que aquí ocurra.
Cuándo llegará esa victoria, no lo sabemos. Queremos creer de corazón que llegará más pronto que tarde y que no dejaremos muchos más muertos en el camino.

Esta mañana se lo estaba comentado a Julieta y a ella mi confianza le da mucha tranquilidad. Tanta, que se durmió plácidamente. No la dejé que ayer escuchara al presidente.

Fotografía: Julieta, reconfortada. 11:48.

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