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A por el año 21

Un bulo muy extendido hace unos años decía que si todos los chinos saltaran a la vez, alterarían el eje de rotación de la Tierra. Se desmintió con todos los datos precisos, pero, de vez en cuando, vuelve a circular la historia. Y bien está, porque, de todos los bulos y mentiras que nos rodean, cosillas así no hacen más daño que tildar de inocente o ignorante o crédulo —o las tres cosas a la vez— a quien lo propala.

Esto viene a cuento de que me da a mí que —si bien los chinos saltando, no— nosotros deseando esta noche podríamos —si las leyes físicas no fueran tan estrictas— sacar a la Tierra de su eje y, aún incluso, cambiar el rumbo de los planetas.

Porque, ¿a que vamos a pedir lo mismo? Todos a la vez, con la fuerza de un ciclón, que diría la folklórica, vamos a pedir volver a vivir como vivíamos y volver a ser como éramos.

Vamos a pedir tocar los botones del ascensor y de los telefonillos sin usar el codo; saludar con dos besos y un abrazo a amigos, parientes y conocidos; probar el plato del comensal que se sienta frente a nosotros y que nos invita a ello; beber a morro de la misma botella de la que ha bebido quien contigo camina; apretujarte sin aprensión en un tren que va a la playa; bailar Paquito, el chocolatero en verbenas populares; revolver en los montones del mercadillo para encontrar la ganga deseada; no prestar atención horrorizada a los estornudos del vecino de asiento; llenar los bares a la hora que nos dé la gana; sacar santos en procesión, si eres creyente, o santificar el domingo en el fútbol; abarrotar los cines; hacer colas a 30 centímetros; vaciar los bolsos de geles, guantes y mascarillas; devolverles a los niños y adolescentes el roce que piden y necesitan; recoger los paquetes con las manos desnudas; cruzar municipios, comarcas y provincias cuando las ganas y el tiempo libre nos lo permitan; hacer hueco en un banco a alguien que necesita sentarse; absolver a los que se han pasado meses diciendo cita previa sin echar cuentas de que todas las citas lo son; tocar, coger, soltar el género por el que no nos decidimos; reír y cantar a menos de metro y medio; morirnos de lo que nos toque, sin que la muerte se cuele de rondón cuando no era nuestro día...

Vamos a pedir la vida de antes, la corriente, la cotidiana, la que nunca supimos cuánto valía. Vamos a abrir los brazos para acoger a este 2021 del que tanto —y tan poco, a la vez— esperamos. 

¿La foto? Soy yo, en un mal día. Al fondo, el año 20. Al frente...

Feliz año a todos.

Imagen: encontrada por esos mundos de Dios. Autoría desconocida.


 

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