Ir al contenido principal

Mi padre. Biografía de lo cotidiano VI

Mi padre fue zapatero y engrasador en una fábrica textil. En la última etapa, un jubilado dedicado al huerto.

Su padre y su abuelo se llamaban Nicolás. Así me hubiera llamado yo de haber sido varón. Por suerte, no se planteó Nicolasa.

Apenas aguantó unos meses solo en Hospitalet antes de llamar a mi madre. La ciudad se le caía encima. Y así fue siempre.

Mi padre, como mi madre, era presumido y pinturero: niquis, gafas de montura metálica, nunca un pelo fuera de su sitio, traje y corbata los días de fiesta, el bigote bien recortadito...

No me dejó apuntarme a un partido en plena transición. Decía que si venía una guerra civil, eran las primeras listas que mirarían. Su frase estrella para aconsejarme era "no te signifiques".

A mi padre le costaba dar besos. Pocos le dieron en su infancia; así era la vida entonces.

Él nunca cogía el teléfono si mi madre estaba en la casa.

Mi padre tenía mucho carácter y un pronto que se le pasaba al rato. Sin embargo, lloraba con facilidad. Por cosas cotidianas, por cosas graves y por películas.

Tuvo moto, tuvo burra y tuvo quad. Viajó en coche, autocar y avión. En lo que más, en trenes. En el que más, el Sevillano.

No le gustaba la playa; era blanquito y se quemaba pronto. Si había que ir, a la sombra.

Mi padre nos hizo prometer que no se quedaría enterrado en Cataluña. Hizo el último viaje a su pueblo metidito en una urna.

Su sobrino favorito era mi primo Nicolás. Su muerte le tocó el corazón.

Viajó una vez en un autobús del aeropuerto agarrado a la misma barra que Johan Cruyff. No había móviles y no tenemos foto del acontecimiento.

Casi todos los días de su vida se echó la siesta. Los pocos que no pudo fueron para él un suplicio.

Hoy hace siete años que falta mi padre.

Imagen: Yo en brazos de mi padre. Seguramente en una boda.







 

Comentarios

Entradas populares de este blog

La Nochebuena se viene, la Nochebuena se va...

" Dime, Niño, de quién eres   todo vestido de blanco.  Soy de la Virgen María  y del Espíritu Santo.  Resuenen con alegría  los cánticos de mi tierra  y viva el Niño de Dios  que ha nacido en Nochebuena.  La Nochebuena se viene, la Nochebuena se va.  Y nosotros nos iremos,  y no volveremos más.  Dime Niño de quién eres y si te llamas Jesús.  Soy de amor en el pesebre  y sufrimiento en la Cruz.  Resuenen con alegría los cánticos de mi tierra  y viva el Niño de Dios  que ha nacido en Nochebuena". Poníamos boca abajo el cajón en el que nos había llegado la matanza del pueblo y lo arrimábamos a la pared. Colocábamos con chinchetas en la pared un papel azul oscuro con estrellas, una de ellas con cola brillante. Echábamos viruta marrón, viruta verde... Poníamos un río y un laguito con papel de plata. En un esquina, el pesebre con la mula, el buey, San José, la Virgen y el Niño. En ...

Volver sin poder volver

Y te haces los kilómetros sabiendo que vuelves sin volver. Porque no se puede volver al abrazo de una abuela, a un cine de verano, a los bancos del paseo donde se cruzan las primeras miradas de deseo, a bañarte en una alberca, a oír los campanillos de los mulos. No se puede volver a las calles empedradas, a las noches en el zaguán, a que manos queridas te monden las pipas, a retreparte en una silla de enea, a la feria con amigas, a la tienda de Silvestre. No se puede volver a llenar un cántaro, a guardar sitio en las pilas, a sentarse en un tranquillo a ver pasar la vida, a que te pregunten de quién eres. No se puede volver a esperar la alsina de Málaga, a ver los carteles del cine de Pavón, a comprar magnesia en un cartuchito, a subir a la carretera a ver cómo anochece. No se puede volver a la Galaxy, a comer pimientos en los Vaqueros, a encargar un jersey en las Arjonas, a aguantar las miradas subiendo frente al Estrecho. No se puede volver a escuchar los chascarrillos de tu abuelo, ...

Años que no se cumplieron

Hoy hubiera cumplido mi madre los 91. Qué hubiéramos hablado y vivido en todos estos años en que falta, nadie lo sabe. Yo me descubro a veces, en madrugadas insomnes, manteniendo conversaciones que nunca se produjeron, dando y recibiendo razones que nunca se dieron, compartiendo momentos que nunca llegaron...  En momentos luminosos, los menos,  creo que me ve y me protege y que espera paciente nuestro reencuentro. En el resto, los más, me desespera saber que no hay vuelta atrás y que lo que no se dijo ni se hizo no hay manera de enmendarlo y que lo que se vivió no vuelve jamás. La traigo a la vida cada vez que la nombro y por eso -bendita excusa su cumpleaños-, felicidades, mamá. Imagen: mi madre, Aurora de Gonzalo, con su eterna sonrisa.