Hay a quien no le gusta que le feliciten el santo. Hay quien dice que ni siquiera se acuerda de cuándo se celebra. Hay quien considera que es una costumbre católica que no le dice nada. Yo no soy de esos quienes. A mí me gusta que me feliciten. Porque me recuerda que, ya antes de nacer, había quien me esperaba y quien imaginaba mi cara buscando un nombre con el que llamarme. Nadie de aquellos que me esperaban está hoy aquí, cuando transito edades cuesta abajo. Pero, cuando alguien se acuerda de que hoy es mi día y dedica un minuto del suyo a felicitarme, vuelven a la vida los que me pusieron un nombre que llevo con orgullo y con agradecimiento. Ana Mari. Ana. Ana María. Anita. Ani. Aniuska, Anamore, Anamarisilla para siempre.