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Entradas

¡Oh, Libertad!, ¡cuántos crímenes se cometen en tu nombre!

Esta mujer, ya eternamente joven, que nos mira desde la historia es Madame Roland. Nada sabríamos de ella si no fuera por su decidida participación en la Revolución Francesa y su triste fin (el de ella y el de la Revolución). Alentó la causa revolucionaria hasta que, junto a su marido, cayeron en desgracia por criticar los excesos que se estaban cometiendo. EL 8 de noviembre de 1793 fue guillotinada y, antes de colocar su cabeza en el cepo, se inclinó ante la estatua de arcilla de la Libertad situada en la Plaza de la Revolución (actual Place de la Concorde) y pronunció -¡qué presencia de ánimo a punto de perder la cabeza!- esa ya famosa frase que encabeza esta entrada: "¡Oh, Libertad!, ¡cuántos crímenes se cometen en tu nombre!" Y tan cierta es esa afirmación como que allí se acabó su vida y empezó su leyenda. Y nos viene a la memoria casi dos siglos y cuarto después porque el nombre de la Libertad se sigue invocando en vano. Se hace, con demasiada frecuencia, por i...

Yo confío.

Porque es más fácil y más grato. Porque nos conforta. Yo confío porque creo todavía en la buena gente. Yo confío en que vendrán tiempos mejores. Porque nos hace dormir de un tirón. Porque nos provoca sonrisas y alivia dolores. Yo confío en que pueda aferrarme siempre a una mano querida. Yo confío en que me llegará un abrazo cuando más lo necesito. Yo confío en que habrá soluciones para el problema más terrible. Confío en quien me ama y en quien dice que me ama. Confío en los que me sonríen y en los que se escudan en el silencio. Yo confío por mí y por mi futuro. Confío porque me asusta el recelo, la distancia, la inseguridad. Confío en sanar las heridas, en difuminar las cicatrices, en llegar a la paz. Porque el corazón se apacigua en la confianza, el pulso se aquieta, la respiración se acompasa. Porque confiando me defiendo de los fantasmas, me libro de los temores, acallo las dudas. Confío contra viento y marea. Confío un martes cuando el lunes he caído. Confío par...

Concertinas

Esto es una concertina. Un acordeón de forma hexagonal u octogonal, de fuelle muy largo y teclados cantantes en ambas caras o cubiertas. Así la define el diccionario de la Real Academia Española de la Lengua. Se inventó en el siglo XIX y es parecida a un bandoneón. Se pueden tocar con ella canciones de cuna. Se pueden tocar con ella fandanguillos. Se pueden seguir con ella ritmos alegres. Se pueden tocar con ella tangos. Hermanan. Crean artistas. No pueden ser esto. No deben ser esto. Imágenes: www.youtube, www.weel.com y  www.change.org

Todas las familias dichosas se parecen...

Todas las familias dichosas se parecen, pero las infelices lo son cada una a su manera. Ese es el arranque -magistral- de Ana Karenina . Después de esa frase se puede contar cualquier historia -la de Tolstoi es la de una pasión amorosa con un triste final-. Cuando vivimos en la dicha, aunque no seamos conscientes de ello, somos más que nunca iguales a los demás. Nos igualamos a través de la sonrisa, del optimismo, de la serenidad, de la ilusión. Y, sin embargo, nos creemos diferentes precisamente en esos momentos en que más iguales somos a los otros.  La felicidad nos eleva por encima de los tejados de la mediocridad y dejamos de ver a la multitud entre la que nos encontramos. Solo las imágenes que podamos descubrir posteriormente  -esas fotos, esas grabaciones...- nos descubren tan comunes, tan corrientes... Y sin embargo, ¡la desdicha nos hace tan diferentes! Las tragedias personales -cotidianas a veces, de un alcance infinito en ocasiones- nos ...

Yinguelbels

Hoy es 15 de noviembre. Hace dos días que cambié el armario pero con reservas: angustia al tocar los chaquetones acolchados, repelús al rozar la pana... Dejo fuera camisetas de tirantes y chaquetitas de entretiempo. Hoy, a trabajar con medias y con la cazadora en la mano.. Y me paro un momento delante de un chino y... ¡me entra una congoja! ¡Todo el escaparate lleno, pero LLENO, de bolas, espumillones, nieve artificial, postales navideñas, figuritas de Papa Noel, belenes, calendarios de adviento...! ¡Agggggggg! No puedo con la Navidad. Soy muy Grinch para eso, qué le vamos a hacer. Solo la disfruté en los pongamos primeros 12 años de mi vida y en los primeros años de ser mamá. Ahora, a pesar de tener una niña, como esta  ya ha traspasado la línea de los Reyes Magos estas fiestas quedan muuuuuuuuuuy devaluadas. En fin, a lo que iba. Que apenas acabamos de digerir los panellets y celebramos con un suspiro de alivio que hayan quitado arañas, telarañas y brujas de los apara...

San Martín de Tours o la generosidad bien entendida

La historia explica que San Martín nació en Hungría, en el año 316. Aunque sus padres eran paganos él se acercó al cristianismo cuando estudiaba en Pavía. A sus padres -siempre los padres intentando torcer la voluntad de los hijos- no les gustaba el giro que tomaba su vida y le obligaron a ingresar en el ejército. Es ya siendo soldado cuando sucedió el hecho que tanto se repite y que ha marcado la historia de este santo: entrando en Amiens a caballo se encuentra con un mendigo casi helado. Con la espada parte su capa y la divide para compartirla con él. La historia deja entrar a la leyenda -o a la historia verdadera, para los creyentes- y resulta ser el mismo Cristo a quien ha tapado. Para premiarlo por su buena acción Dios concede en este ya frío tiempo unos días de bonanza, el veranillo de San Martín. Una vez en la carrera eclesiástica es ordenado obispo de Tours en el 371 y muere en el año 397. Martín se considera un apóstol y un hombre muy influyente en toda la espiritua...

Nueve de noviembre o el alexitímico que ayudó a vender miles de discos.

"Era feliz en su matrimonio  aunque su marido era el mismo demonio.  Tenía el hombre un poco de mal genio  y ella se quejaba de que nunca fue tierno.  Desde hace ya más de tres años  recibe cartas de un extraño.  Cartas llenas de poesía  que le han devuelto la alegría  Quién la escribía versos, dime quien era.  quién la mandaba flores por primavera.  Quién cada nueve de noviembre,  como siempre sin tarjeta,  la mandaba un ramito de violetas.  A veces sueña y se imagina  cómo será aquel que tanto la estima.  Sería un hombre más bien de pelo cano,  sonrisa abierta y ternura en las manos.  No sabe quién, sufre en silencio,  quién puede ser su amor secreto.  Y vive así, de día en día,  con la ilusión de ser querida.  Quién la escribía versos, dime quién era, quién la mandaba flores por primavera. Quién, cada nueve de noviembre,  como siempre sin tarjeta,...