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Crónica de la excepción. Día 5

Hoy no salgo de casa. Que habrá quien diga que ni hoy, ni mañana, ni pasado, ni al otro. Pero que no es eso. Llegados a este punto —y pronto hemos llegado—, tenemos que pertrecharnos de herramientas que preserven nuestra salud mental y la de aquellos que conviven con nosotros. Esta es una estrategia muy conocida y utilizada en las terapias de desintoxicación. Pongamos que eres adicto al tabaco, por ejemplo. Tu terapeuta te dice que, cuando abras los ojos por la mañana, te digas Hoy no fumo . No Ya no fumo ni He dejado de fumar  porque, si te dices eso, puede que salgas corriendo a buscar el primer estanco que encuentres o rebusques en el armario de la ropa blanca hasta dar con el paquete que escondiste por si la voluntad flaqueaba. Hoy no fumo , que es una colina cuya cima tienes a la vista y puedes subir más o menos cómodamente. Cuando llegues, descansas, a dormir, y mañana será otro día. Pues eso: Hoy no salgo de casa . Y me parece a mí que el gobierno también ha ech...

Crónica de la excepción. Día 4

Si hace una semana me hubieran dicho que iba a contar mi compra en el Mercadona como Marco Polo contaba sus viajes, me habría caído de la silla. Pero así están las cosas y a eso voy. En este punto, aviso que si esperáis épica, aventuras o un relato asombroso, dejéis de leer, porque el asunto es más bien prosaico. El día no empezó naaaaada bien. Antes de que abrieran, este era el panorama: cola de coches con el parquin aún cerrado y cola de gente en la puerta, al otro lado. Empecé a considerar las alternativas, ayudada por inestimables consejos vía whatsapp: que si en el Condis hay menos cola, que si en los mercados todo está más o menos normal... Cualquier idea era buena con tal de no esperar al aire libre en un día que nos ha devuelto al invierno o refregarme con posibles portadores de bichitos ocultos. Pertrechada con el carrito y mis guantes, salí para la compra alternativa y vi, no sin asombro, que no había nadie en la puerta. Así que decidí probar suerte. El señor Merc...

Crónica de la excepción. Día 3

Buenos días a todos: hoy ha amanecido. Julieta ha sido la primera en darse cuenta y ha venido a darme la buena nueva entre maullidos y arañazos, que es, a su entender, una buena forma de comunicación (también venía a pedir comida, pero eso no se lo voy a tener en cuenta). Y es que, aunque un amigo mío dice que siempre amanece, anoche no lo teníamos tan claro, con tanta incertidumbre y tanta espera desesperante. Pero sí, aquí está el amanecer de hoy, desde mi cocina, que comparto gustosa. Hablando de ayer: ya pasadas las nueve de la noche —nos dio para picotear en todas las cadenas y hasta para ver empezar a Pepe Ribagorda las noticias con aire de no entender nada— salió el Sr. Sánchez a la palestra. Venía con el traje hecho jirones, el pelo enmarañado y goterones de sangre en la cara. Diréis que miento, pero juro que lo vi, justo antes de un pantallazo a negro y de que volviera su imagen ya niquelá . Y si no, ¿por qué creéis que había desfase entre el movimiento de su boca y ...

Crónica de la excepción. Día 2

En su segunda acepción, y según la RAE, confinar es  recluir algo o a alguien dentro de límites . Anoche nos fuimos a la cama con la palabra confinamiento en la cabeza. Venía el enésimo y último susto del día de boca de nuestro honorable . Que si puede, que si no puede, que si órdago, que si farol... Esta mañana nos hemos levantamos, desayunamos, comimos, y hasta hicimos la siesta, esperando que nuestro ínclito Consejo de ministros —y ministras, of course —, por mediación del más grande , nos haga llegar las concreciones del Estado de Alarma (así, con mayúsculas) que incluirán, vamos a suponer, confinamientos y demás medidas drásticas. Mientras escribo esto, a las 17:25, seguimos a la espera. Esta crónica me servirá, creo, para despejar mi cabeza y tener un momento en el día para centrar el pensamiento y sosegar el corazón; así pues, no voy a hacer aquí sangre política —ya llegará el momento de hacerla correr (metafóricamente, a raudales, y bien merecida por unos y por otro...

Crónica de la excepción. Día 1

«...si la rutina te aplasta, dile que ya basta de mediocridad». Así lo cantaba Joan Manuel Serrat y así lo coreábamos todos con el debido entusiasmo. Porque la rutina es una palabra denostada y lo que significa se asocia siempre a las pobres vidas; a las pobres gentes que se arrastran del nacimiento a la muerte, sin nada nuevo que esperar. De la rutina, en un empujón violento, solo nos sacan tragedias insospechadas: una muerte inesperada, un diagnóstico sospechoso, una pérdida que no aceptamos... Ni siquiera contamos las vacaciones o el encuentro con alguien querido o un acontecimiento festivo como episodios fuera de la rutina. Se incluyen en ella; unos, porque son cíclicos, como los días ociosos; otros, porque son puntuales y se desvanecen rápidamente en el tiempo, a veces, en apenas unas horas. Sin embargo, ayer jueves, aunque las voces mediáticas lo anunciaban y los rumores se sucedían, no pudimos creernos el momento en el que la rutina dejó paso a un período incierto, inq...

A través de los milenios

Riqueza olivarera Grandísima importancia reviste al presente esta fuente de riqueza, única que resiste y se mantiene firme en medio de esa tremenda crisis porque están atravesando todos los productos agrícolas. Y entraña excepcional importancia, por la considerable riqueza que representa en España, significando en algunas provincias el principal elemento de vida, el único venero en que cifran muchos pueblos sus anhelos de bienestar y prosperidad. La producción olivarera es uno de los principales rendimientos del hermoso y privilegiado suelo andaluz, y es elemento muy importante de las huertas levantinas y de las fértiles y poéticas vegas de Aragón y Cataluña. La considerable riqueza que tal producción representa, bien merece del Gobierno y de todos los poderes, que fijen en ella su atención, y observando sus necesidades más perentorias procuren evitar ahora que todavía es tiempo, los amargos días que de otro modo no tardará mucho en sufrir este producto, que necesariamente ha ...

El último viaje

Un tren de nombre cambiante -el Sevillano, el Catalán- corriendo entre paisajes de una España hoy olvidada. Un tren mitad gris, mitad verde, como el país que transitaba entonces del gris de las penurias al verde esperanzado. Alcázar de San Juan, las navajas de Albacete voceadas en los andenes, Despeñaperros, Santa Elena por fin, olivares inacabables, hombres segando... Asientos de escay, pasillos atestados, sudor, fiambreras, equipajes variopintos: cartón y cuerdas, canastos, damajuanas... Y una niña morena que llenaba de cruces el calendario ahogándose ante el deseo cumplido. Y su padre a su lado, dormitando, mientras ella se bebía el paisaje con los ojos. Y el sur, que siempre espera paciente a que sus hijos vuelvan. No importa el tiempo -corto para los hombres, eterno para la tierra-. Siempre espera. Y llega el último viaje y la niña morena acomoda al padre en su regazo, dormido ya definitivamente, para que el sur lo acoja y lo redima y lo devuelva a la paz que todos mere...