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Crónica de la excepción. Día 21

Ayer empezó el mes de abril y empezó de manera totalmente abrileña: con el cielo encapotado y una lluvia persistente; a veces sirimiri, a veces enfurecida.  En abril, aguas mil. Y así parece que vamos a seguir hoy. Las redes se llenaron, como no podía ser de otra manera, de la canción de Sabina, ¿Quién me ha robado el mes de abril?  o del poema de Machado, Abril florecía frente a mi ventana .   Normal, yo también caigo en esas referencias prácticamente cada año, menos este, en el que la preocupación por el bicho y que fuera día de abastecimiento ocuparon mi cabeza casi en exclusividad. Es curioso cómo hay noticias y circunstancias que se nos están pasando por alto, siendo como eran antes primordiales y ocupantes de una buena parte de nuestro interés. Por ejemplo, la predicción meteorológica.  Me gustaría saber, por mera curiosidad, qué audiencia tienen ahora los espacios dedicados al tiempo en los noticiarios.  A estas alturas, los madrile...

Crónica de la excepción. Día 20

Antes que nada, tranquilizaros a todos: incursión al Mercadona en normalidad absoluta (de acceso, de gente en el interior y de productos disponibles), exceptuando lo de racionalicemos el miedo , que sigue sonando y que da, paradójicamente, mucho miedito. Dicho esto, constatar que seguimos en estado de estupor.  Pasando por las fases de todo trauma y todo duelo, pero desordenadamente y en un totum revolutum  que no hay cabeza que lo ordene. Lo mismo estamos negando lo que nos está pasando, que aceptándolo, que cabreándonos contra todo y todos, que deprimidos y arrastrando nuestro cuerpo finito por el pasillo de casa...  En fin, la pesadilla de cualquier terapeuta que tenga que sacarnos después del marasmo vital en que hemos caído.  Eso sin contar que los que tengan que resolver las despedidas sin despedida o los adioses abruptos lo tendrán mucho peor. Así que no nos queda otra que aceptar que nuestros estados de ánimo van a seguir en la montaña rusa...

Crónica de la excepción. Día 19

Hoy es un día de indignación. Los hay de todo: de desesperanza, de desánimo, de miedo, de incertidumbre, de conformidad, de resignación... Hoy es de indignación: por cómo se están llevando las cosas, por cómo se actúa erráticamente —desde los gobernantes más altos a aquellos de los que dependemos más directamente—, por cómo quienes deben sostenernos —no olvidemos que es su trabajo y su obligación— se enredan en sus palabrerías, en sus bienquedo ,  en sus blancos y negros consecutivos o simultáneos, en sus órdenes contradictorias, en sus derivas. Pero como habrá mucho tiempo para que esta bilis que nos amarga la boca se pueda, y se deba, comentar, vamos a tirar de algo agradable. Y qué más agradable hoy en día que la cotidianeidad que tanto añoramos. Por eso, lo que ahora os pongo aquí es un pequeño relato del 16 de febrero —ya sabéis que escribo para mi gato—,  homenaje hoy a quien tanto añoro: mi calle. MI CALLE Mi calle es anodina. Quien pasa su...

Crónica de la excepción. Día 18

Hoy es lunes y esperaréis con curiosidad mis noticias desde el Mercadona. Pues no: no he ido. ¿Y por qué? Pues porque tengo papel higiénico que, como todo el mundo sabe, es la medida de las necesidades básicas para el encierro.  Detrás de él van otras, ya menos importantes, pero que también tenemos cubiertas como para resistir un par de días más sin hacer una razzia y volver con bien de la exposición al enemigo. Además, ahora se ha añadido un protocolo nuevo —que todavía me da más razones para espaciar el ataque— y que consiste en que hay que limpiarse concienzudamente (zapatos fuera, ropa en una bolsa para su lavado posterior, llaves y cartera en una caja de uso exclusivo para salir al exterior... en fin, un cuadro apocalíptico) y limpiar asimismo ¡¡¡los productos comprados!!!  Que, a ver, yo me veo con la bayeta dándole a los bricks de leche y a las latas de tomate y a las cajitas de Tosta Rica, si me apuras, pero, ¿y las almejas?  Que pensaba yo tr...

Crónica de la excepción. Día 17

Si tuviera que escribir esta crónica desde el estado de ánimo que me embarga la mayor parte del tiempo, quizá sería mejor dejarla donde está y ahorraros los vaivenes emocionales —normalmente entre el a ver cómo salimos de esta y de esta no salimos — entre los que voy dando bandazos. Anoche, por ejemplo, ver al presidente del gobierno envejecer por momentos —como en esos memes que no hace mucho nos hacían tanta gracia— y darnos una noticia mala detrás de otra regular, fue un punto en el cual sentí que esto no iba a ser tan duro como pensábamos, sino mucho peor. Y me dije a mí misma que mejor dejar de escribir. Pero las almohadas se hicieron para que consultemos con ellas y, tras una consulta sosegada, he decidido que todavía vale la pena pergeñar unas líneas cada día que unos amigos de buena voluntad leen con una atención no merecida.  Si los que están en primera línea de batalla, dejándose la piel, no se rinden, qué menos los que estamos aquí, relativamente a salvo,...

Crónica de la excepción. Día 16

—Cuando todo esto acabe, si este virus que asuela el mundo me respeta, voy a volver a Aquisgrán y al resto de ciudades que tan bien conocí. —¿Volver a Aquisgrán? ¿Cómo has de volver donde nunca estuviste? —Sí que estuve. Por supuesto que estuve. En Aquisgrán me paseé con Carlomagno, admirándola como él, y me detuve en sus calles, donde fue coronado por primera vez Carlos V como Rey de los Romanos. Volveré a San Petersburgo, con Pedro I El Grande, al que despidieron sin pesar sus súbditos. Sus plazas, pisadas por Pushkin, su ahijado, conservan sus versos en el aire. Versos de tierras lejanas: Del céfiro nocturno/éter fluye./Bulle,/huye/el Guadalquivir . Regresaré a Ispahán, donde espero no cruzarme con la muerte contra la que chocó, inexorablemente, el criado que de ella huía desde Bagdad. Gotemburgo me espera; me parece ver el éxodo interminable de los suecos que, durante un siglo, buscaron la vida al otro lado del Atlántico. En las calles de Nairobi quiz...

Crónica de la excepción. Día 15

Exceptuando a las personas que vivieron la guerra y la posguerra, nadie en este país se había visto enfrentado a una situación como la actual. Es más, no era este un escenario que hubiéramos descrito si hubiésemos sido preguntados por una situación temida que involucrara a toda la población, y que no fuera solo una tragedia personal. Qué sé yo, parecía que pensábamos en todo: una gran guerra, oleadas de ataques terroristas, una crisis climatológica, una hambruna provocada por catástrofes naturales...  Mucha imaginación —ahora creemos que poca— le echábamos al ser preguntados por nuestros miedos y por lo que nos inquietaba del futuro. Pero aquí estamos: sumidos en una pandemia que nos tiene recluidos en nuestras casas, atemorizados y doloridos ante las noticias de contagios y muertos; a estas alturas, sabedores de que estamos siendo protagonistas de la peor de las historias. Y en momentos así —siendo como somos, mayores de edad; creyéndonos como nos creemos, libres ...