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Crónica de la excepción. Día 27

A estas alturas, ya sabemos de sobra que no vamos a salir indemnes de esta situación. No podemos salir indemnes porque —solo hasta el día de hoy— hay más de catorce mil familias llorando a unos muertos de quien ni siquiera pudieron despedirse. No podemos salir indemnes porque —solo hasta el día de hoy— hay más de ciento cuarenta y seis mil familias pendientes de la evolución de sus seres queridos; en la mayoría de los casos, con noticias espaciadas y poco precisas. Y no podemos salir indemnes porque —solo hasta el día de hoy— hay casi novecientas mil familias que no saben cuándo volverán a tener ingresos, cómo serán estos, si recuperarán sus puestos de trabajo y en qué circunstancias. Y tampoco podemos porque hay dos millones seiscientas mil familias que están en un limbo en el que han visto reducidos sus ingresos y que no saben si, finalmente, será ese limbo la pasarela hacia un paro definitivo. En fin, que a estas alturas, aquellos que tenemos la suerte —porque así hay...

Crónica de la excepción. Día 26

Hay que ver la de tiempo que tenemos para pensar. Y lo que dan de sí las horas. Te puedes poner melancólico, pesimista, triste, enojado, indignado, optimista, esperanzado, desesperado...  Y te puedes poner a fabular. Por ejemplo, en cómo será la salida a la calle de nuevo.  Cómo será ese momento en el que el Sr. Presidente, o quien corresponda, nos dé el permiso —como un pase de pernocta, en la jerga militar— mediante el cual podamos tirarnos de nuevo a patear las aceras, los parques o los caminos como si no hubiera un mañana.  Ese momento en el cual descubramos con los cinco sentidos lo que hasta ahora, y en la mayoría del tiempo y las ocasiones, solo era un decorado en el que apenas se reparaba. Y fabulando con ello se puede caer en las reflexiones más amargas o, por el contrario, en tirar del humor, que rima con amor, y nos da el respiro que las noticias nos niegan. Así que fabulemos. Primera opción. Saldremos disciplinados, con paso y actitud ...

Crónica de la excepción. Día 25

¿Podrá creerse la atareada Ana de aquellos días normales (que deseando estamos recuperar) que un lunes enteriiiiiiiiito no nos ha dado para todo lo que queríamos hacer? Pues se lo crea o no, así ha sido.  A estas horas, y escribiendo mi crónica, me doy cuenta de cómo se cuelan los minutos entre los dedos cuando no tienes un horario que te aprieta. De todas formas, y en descargo de mí misma —que bastante cargo nos ha echado esta situación encima—, diré que, aún así, todo lo que hemos hecho ha sido gratificante o divertido o sanador, o las tres cosas a la vez. Sin ser exhaustivos: - hablar y/o whatsappear con amigos - ver una serie trepidante y adictiva - leer su poquito de novela y su poquito de poesía - ayudar a alguien querido a mucha distancia - conversar con quien está sola y esperando mi llamada - revisar los deberes y dudas de mis alumnos - aplaudir con el corazón, porque hoy me ha pillado ocupada - ver las noticias justitas, ni un minuto m...

Crónica de la excepción. Día 24

Tras dos días en los que las tribulaciones cotidianas han pasado por encima, incluso, de las excepcionales, aquí estoy de nuevo, hilvanando palabras que me sirvan para dar cuenta de lo que sucede (o me sucede, según) en este confinamiento al que no le vemos el final. Hemos seguido poco las noticias ayer y anteayer, pero hoy tocaba y parece que, dentro del drama sostenido, una pequeña esperanza se abre paso —¿quizá el famoso pico dejándose doblar, por fin?—: menos muertes que ayer, menos contagiados.  Algo es algo, y a cualquier clavo ardiendo nos agarramos cuando llevamos ya tantas semanas de sobresalto en sobresalto.  El tiempo atmosférico también parece sumarse a esta mínima ilusión y el sol baña la terraza en un soleado, y atípico, Domingo de Ramos. Las fotografías son de ayer, pero sirven para hoy porque se repite la situación: Julieta se asolea mientras le hacemos muecas divertidas en el reflejo. A cuenta de que hoy es la Palma, recuerdo que, hace no dema...

Crónica de la excepción. Día 21

Ayer empezó el mes de abril y empezó de manera totalmente abrileña: con el cielo encapotado y una lluvia persistente; a veces sirimiri, a veces enfurecida.  En abril, aguas mil. Y así parece que vamos a seguir hoy. Las redes se llenaron, como no podía ser de otra manera, de la canción de Sabina, ¿Quién me ha robado el mes de abril?  o del poema de Machado, Abril florecía frente a mi ventana .   Normal, yo también caigo en esas referencias prácticamente cada año, menos este, en el que la preocupación por el bicho y que fuera día de abastecimiento ocuparon mi cabeza casi en exclusividad. Es curioso cómo hay noticias y circunstancias que se nos están pasando por alto, siendo como eran antes primordiales y ocupantes de una buena parte de nuestro interés. Por ejemplo, la predicción meteorológica.  Me gustaría saber, por mera curiosidad, qué audiencia tienen ahora los espacios dedicados al tiempo en los noticiarios.  A estas alturas, los madrile...

Crónica de la excepción. Día 20

Antes que nada, tranquilizaros a todos: incursión al Mercadona en normalidad absoluta (de acceso, de gente en el interior y de productos disponibles), exceptuando lo de racionalicemos el miedo , que sigue sonando y que da, paradójicamente, mucho miedito. Dicho esto, constatar que seguimos en estado de estupor.  Pasando por las fases de todo trauma y todo duelo, pero desordenadamente y en un totum revolutum  que no hay cabeza que lo ordene. Lo mismo estamos negando lo que nos está pasando, que aceptándolo, que cabreándonos contra todo y todos, que deprimidos y arrastrando nuestro cuerpo finito por el pasillo de casa...  En fin, la pesadilla de cualquier terapeuta que tenga que sacarnos después del marasmo vital en que hemos caído.  Eso sin contar que los que tengan que resolver las despedidas sin despedida o los adioses abruptos lo tendrán mucho peor. Así que no nos queda otra que aceptar que nuestros estados de ánimo van a seguir en la montaña rusa...

Crónica de la excepción. Día 19

Hoy es un día de indignación. Los hay de todo: de desesperanza, de desánimo, de miedo, de incertidumbre, de conformidad, de resignación... Hoy es de indignación: por cómo se están llevando las cosas, por cómo se actúa erráticamente —desde los gobernantes más altos a aquellos de los que dependemos más directamente—, por cómo quienes deben sostenernos —no olvidemos que es su trabajo y su obligación— se enredan en sus palabrerías, en sus bienquedo ,  en sus blancos y negros consecutivos o simultáneos, en sus órdenes contradictorias, en sus derivas. Pero como habrá mucho tiempo para que esta bilis que nos amarga la boca se pueda, y se deba, comentar, vamos a tirar de algo agradable. Y qué más agradable hoy en día que la cotidianeidad que tanto añoramos. Por eso, lo que ahora os pongo aquí es un pequeño relato del 16 de febrero —ya sabéis que escribo para mi gato—,  homenaje hoy a quien tanto añoro: mi calle. MI CALLE Mi calle es anodina. Quien pasa su...