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Entradas

Crónica de la excepción. Día 61

Hoy hace once años que falleció Antonio Vega. Un icono del pop español, con sus composiciones mil veces coreadas y sus versiones desgarradas de éxitos ajenos —como el mítico Me quedo contigo —, cuya vida malgastada en apenas 51 años nos dejó algunas de las canciones que todavía nos ponen la piel de gallina. Y es que hoy, casualidades, me desperté tarareando La chica de ayer , que es una historia de amor y de desamor, pero que también es mucho más que eso.  Es la nostalgia en estado puro, la desazón por lo perdido, la angustia de lo que se fue y nunca más se volverá a ser. Es la tristeza de echar la vista atrás, el desasosiego de lo irrecuperable, la melancolía de lo pasado, la llamada desesperada, el adiós imparable, la despedida eterna, el tiempo desperdiciado... La pena infinita. Será el tiempo; será ver a la gente en las calles como si nada hubiera pasado; será no saber si habrá un verano que nos redima de todo esto; será ese pasar página que algunos están inte...

Crónica de la excepción. Día 60

Hoy quería escribir de muchas cosas positivas: de que ha salido el sol, de que muchos de nuestros compatriotas entran ilusionados en una nueva fase de desescalada , de que baja la cifra de muertos y de contagiados, de que quizá el verano nos traiga un respiro que buena falta nos hace... Pero la primera noticia que he visto, por casualidad, es la que ilustra esta fotografía: miles de vecinos de un barrio del sur de Madrid, Aluche, se plantaron en la calle a las cuatro de la madrugada del sábado y esperaron más de siete horas porque se iban a repartir unas bolsas con arroz, aceite, huevos, harina y un puñado de judías verdes y manzanas. Para los primeros 400 afortunados, además, un kilo de pollo. Para los niños, un bote de Nesquik o Nutella. Y ya se jodió el día. Porque el dolor que produce esa situación es un dolor que se transmite con tanta fuerza como el virus y las emociones que se desatan —desde nuestra casa con la nevera llena— son tan angustiosas que el cielo se oscure...

Crónica de la excepción. Día 59

La naturaleza ha decidido echarnos una mano y ha dado un pasito atrás en esta primavera-verano que teníamos encima. Hoy ha amanecido lloviendo y la temperatura ha bajado considerablemente. Parece que vamos a entrar así en la próxima semana y será el clima generalizado en casi toda la península. Menos mal: el descerebramiento que habíamos ido observando en la gente (ya sé que otros muchos son cumplidores a rajatabla, no es esto algo que se dude) estaba llevándonos a ciertos repuntes (tímidos, pero ahí están) que ha hecho imposible que algunas comunidades o provincias pasen a la famosa fase 1, donde se abriría algo más la mano. Las quejas no han tardado en oírse: que si hay razones políticas, que si pagan justos por pecadores, que si quién pone los marcadores... En fin, quejas fruto del aburrimiento, de la desesperación económica o, por supuesto también, del quéproponesquemeopongo , aspecto este muy de nuestra idiosincracia. La mayor parte de Cataluña se ha quedado en ...

Crónica de la excepción. Día 58

Hoy ha habido dos noticias. Una, que nos quedamos en la fase cero del confinamiento y dos, que he ido a la peluquería. Habrá quien diga que qué desfachatez meter ambas cosas en el mismo saco de las novedades dignas de ser reseñadas.  Y puede que no le falte razón y se la doy, faltaría más, pero tengo mi propia teoría sobre ello. En esta vida, sustentamos lo que somos en base a lo que nos pasa y a cómo lo vivimos. Así, una tragedia puede ser solo un pequeño tropezón para algunos o bien las minucias cotidianas, el empedrado de la infelicidad para otros. Nos movemos, pues, en dos ámbitos que a veces se entrecruzan, se potencian negativamente el uno al otro o se ayudan mutuamente en el sobrellevar de los días. El ámbito exterior es lo que sucede fuera de nuestro pequeño mundo, pero que influye poderosamente en él. Estamos atentos cuando de ese ámbito devienen acontecimientos que van a marcar poderosamente nuestro futuro más inmediato; es decir, le damos más impor...

Crónica de la excepción. Día 57

Híbrido/da : Del latín hybrida. 1. adj. Dicho de un animal o vegetal: Procreado por dos individuos de distinta especie. U.t.c.s. 2. adj. Dicho de una cosa: Que es producto de elementos de distinta naturaleza. 3. adj. Biol.  Dicho de un individuo: De padres genéticamente distintos con respecto a un mismo carácter. 4. adj. Mec. Dicho de un motor y, por ext., de un vehículo: Que puede funcionar tanto con combustible como con electricidad. U.t.c.s.m. Y esto es todo lo que puedo deciros sobre lo que es algo híbrido o híbrida. En la foto os he puesto a un híbrido querido, con su nombre, que se llamaba Carbonero y que nos dio muchos días gloriosos en veranos añorados.  Haber sido producto de padre y madre de distinta naturaleza y ser él mismo un ente extraño, sin derecho a reproducción, no le privó de ser importante, trabajador, y estar perfectamente diseñado para ejecutar todo aquello que se le exigía. Su cuerpo, su mente, sus sentidos, sus músculos; cada un...

Crónica de la excepción. Día 56

Nos encerramos aquí en un marzo invernal, donde cabían las botas, los jerséis, los cuellos vueltos, los foulards y los plumas más abrigaditos y he salido esta mañana a la terraza, en la que aún no daba el sol, y ya me sobraba todo. No sé si habrá 20 grados o 22 o 24, pero el aire era tan tibio y dulce que, por fin, me he dado cuenta de que estábamos en el mayo florido que nos merecemos tras tanto sacrificio. Mirad cómo está la calle: los árboles enseñoreados, con unas copas frondosas que plantan cara al asfalto, a los coches (escasos, eso sí), al cemento. Bendito sea llenarse los ojos de verde y los oídos de cantos de pajarillos en los que antes ni siquiera reparábamos. Respirando a pleno pulmón —porque el aire también está agradecido a esta tregua impuesta— me he dedicado a curiosear y fabular sobre la vida de mi vecindario, tan absolutamente invisible para mí hasta estos días. No es del todo cierto, a estos primeros los miro muchas veces. Con sus bicis de varios ...

Crónica de la excepción. Día 55

Después de unos cuántos días sin ganas ni cuerpo para escribir, vuelvo a la carga. Y así, a lo tonto, han pasado ocho días y estamos, como quien no quiere la cosa, en el florido mayo y en la fase cero de este proceso que nos va a llevar a la nueva normalidad , sea esto lo que sea. Después de un bache de salud, después de ver el maravilloso ocaso de anoche y después de ver el espléndido y cálido día que nos ha regalado la primavera, ¿quién tiene cuerpo para criticar todo lo que se ha hecho mal —que se ha hecho—, todo lo que va mal —que va— y todo lo que podría cambiarse —que lo hay—? Pues yo no lo tengo y por eso voy a hacer una crónica leve y ligera, sin punta ni filo, que tiempo habrá. Una crónica alejada del peligro que estamos viviendo, de las mezquindades que estamos viendo y de las estulticias que estamos oyendo. Porque en este paréntesis he celebrado el día del título maravilloso que me han otorgado mis tres hijos y que concentra todo el amor del mundo y, además,...