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Cuando yo digo cine...

Cuando yo digo cine no hablo de suaves y mullidas butacas.
Digo filas de sillones azules con el metal enfriando mis muslos juveniles.

Cuando yo digo cine no hablo de moquetas que amortiguan los pasos.
Digo alfombras de pipas que crujen bajo mis sandalias.

Cuando yo digo cine no digo pantallas gigantes, infinitas.
Digo salamanquesas cruzándole la cara a Víctor Mature.

Cuando yo digo cine no huelo ambientadores de cedros de Noruega.
Digo jazmín, dama de noche, perfumes de verano...

Si te hablo de cine no te hablo de silencio y sigilo.
Te estoy hablando de risas, de murmullos continuos, de idas y venidas, de trajín y roneo.

Cuando te digo cine no pienso en palomitas. Pienso en pipas y un botijo rezumando frescor.

Cuando yo digo cine digo parpadeo de luces que anuncian el descanso -no sea que los chiquitos sean pillados en falso-, digo carteles en la plaza, prospectos en la mano, digo una ventanilla diminuta desde la que me alargan las entradas, digo noches estrelladas, amigas cogidas del brazo -metida en el medio aquella a quien este verano ya se le arrima alguno-, digo oeste, romanos, cantaores, espías...

Cuando yo digo cine digo verano. Y digo pueblo. Quince años en flor y la vida por delante.

Imagen: cartel de "Sansón y Dalila".

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