Ir al contenido principal

Entradas

Un gran olvidado: Ibargüengoitia

Hace unos días fui de nuevo al mercado de San Antonio. El paseo entre los puestos de viejo era algo habitual en mi infancia y cuando mis hijos eran pequeños. Aquello que mis padres hicieron conmigo llegó el momento de repetirlo con ellos. Empezaban una colección de cromos -de fútbol, pokémon, animales...- e iban completándola hasta que, en los sobres, se repetían y se repetían sin que acabaran de salir los que debían llenar los últimos huecos. La solución era el mercado de San Antonio. Llegábamos llevándolos de la mano. Sus ojos brillantes y su sonrisa expectante lo decían todo. Doblada en un bolsillo, la lista de los cromos que faltaban y, apretaditos en la mano, el puñado de "repes". Una vuelta para tantear el terreno. Los más difíciles, caros. Nos acercábamos a las chaflanes exteriores donde otros niños como ellos pasaban sus ojos y sus manos rápidamente por los suyos y por los que otros niños les mostraban. "Tengui, tengui, falti, falti...". Entre los...

Cerrando etapas

La estás peinando. Unas coletitas. Un poquito de colonia. Te la echas en la mano y se la pasas por el vestidito y el pelo. La abrazas y sientes su pequeño corazón latiendo contra el tuyo. Te descubres sintiendo lo mismo que ella. Un poco de miedo ante lo nuevo. Ya no la esperan la pequeña escuela del año pasado ni sus maestras, tan cercanas. Algunos de los antiguos compañeros ya no la acompañarán en sus juegos. Caras nuevas. Un nuevo maestro. Muchos más amigos a su lado. Le colocas su bolsa. Se la has hecho de colores. Alegre como ella. Su mano se pierde en la tuya. Es tan pequeña y a la vez ¡ha crecido tanto! Ya no cabe como antes entre tus brazos. A veces, cuando se cansa y el sueño la vence, te la colocas en la cadera. Sus brazos en tu hombros. Su cabecita en el hueco de tu cuello. Huele a ternura, huele a infancia y a luz. Huele a futuro. Y entras por la puerta de la escuela. Ella calla, pero su mano te aprieta más que nunca. La adelantas con un suave empujoncito cuando l...

Puesta de sol

Damos por hecho que lo que tenemos un día lo vamos a tener al siguiente. Nuestra vida es una carrera atolondrada entre el trabajo, la familia, las obligaciones, el descanso que nos procuramos... Vivimos con el incomprensible convencimiento de que solo nosotros somos los responsables de lo que hacemos o de lo que omitimos. Y un día, para recordarnos que el control no depende de nosotros, perdemos la salud y frenamos en seco. Asomados a la terraza nos maravillamos del ajetreo de la gente: unos corren sudorosos porque es lo que se lleva; otros cargan con bolsas de la compra; madres que empujan cochecitos a los que van cogidos pequeños berreantes... En el trabajo tu falta molesta y añade dificultades a las cotidianas; tu casa se llena de ropa sin lavar y de encargos sin hacer... Y a ti no te importa. Tu cuerpo está reclamando algo y no sabes qué es. A nadie le das pena porque, por suerte, no te vas a morir. Cuando alguien va a morirse entra en el grupo de los desdichados y ahí t...

El día de la madre

No me quieras matar, corazón. Imagen: colorincolorado2007.blogspot.com

Abril florecía...

Ayer abril florecía. El aire empapado de lluvia de la mañana había dejado paso al olor de la primavera. Al salir a la calle la tarde tibia nos había ensanchado el corazón. Las tristezas del invierno parecían menores; la vida dando, como siempre, nuevas oportunidades. Y hoy... abril hecho febrero, el crudo invierno rompiéndonos por dentro, el estupor que la muerte, sobrevolando de nuevo nuestras vidas, nos provoca al recordarnos lo frágiles que somos. Lo poco que podemos retener a los seres queridos. Lo poco que somos. Lo poco... Nicolás se ha ido de nuestro lado. Nos queda su sonrisa, su calma, su ternura. Nos quedan los recuerdos compartidos. Nos queda el cariño que nos brindó y el que nosotros le ofrecimos. Nos queda el dolor de su hueco. Nos queda tanto y tan poco al mismo tiempo que muchas serán las lágrimas derramadas antes de que el corazón encuentre algún consuelo. Descansará en su tierra, con su gente. A su lado y por siempre pasarán los azahares, pasarán las heladas, p...

El Día de la Felicidad

El jueves fue el Día de la Felicidad. Parece ser que este día fue escogido por la ONU hace ya dos años para concienciar sobre la importancia del bienestar para el desarrollo pleno de los seres humanos y que así, los estados miembros fomentasen políticas públicas que reconozcan la importancia de la felicidad en la vida de todos. Y es un empeño loable porque ¿quién puede discutir que la felicidad es importante para los seres humanos? y ¿quién podría oponerse a que se creasen políticas de estado que reconozcan la importancia de la felicidad? Lo que pasa es que la solución tipo "vamos a crear un Día de la Felicidad y ya verás tú qué bien" es una solución manifiestamente inútil como todo beneficiario de un Día de... sabe. Y es que este santoral laico en el que estamos instalados nos permite creer que hacemos algo por alguien, por algo o por nosotros mismos. Las instituciones o los organismos, las agrupaciones o las asociaciones, los estados o las corporaciones instauran ...

El adiós

Me debí cruzar decenas de veces con ella por los pasillos. La vi bailar confundiéndose, para mis ojos ajenos, entre tantos chicos y chicas que se mueven con gracia y destreza y canalizan en el baile su intensidad adolescente. Tuve que oír su nombre en comentarios sueltos o en reuniones de evaluación en las cuales se ha de nombrar a todos los alumnos. Puede que le hiciera fotos en algún Carnaval. Empezó a despuntar en mi mundo con las primeras y preocupantes noticias: es grave, tiene mala pinta... Después su presencia se hizo más fuerte: no hay nada que hacer, solo despedirse... Y por último, lo inundó todo. El dolor de los que la habían conocido y querido me llegó de improviso. Un ruido indeterminado y, al mirar, esa ola que te arrastra -me veo a mí misma como recibiendo el impacto de un tsunami-. Y recojo lo que me dicen y construyo su imagen ahora que ya no podré conocerla a ella: era vital, fuerte, simpática, abierta... dicen unos. Otros solo la lloran. Otros callan. Los adu...