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Yo no soy Abel

No he salido a la calle a decir Todos somos Abel . Porque yo no soy Abel. Yo no soy Abel Martínez. No nací en Lleida, ni estudié Historia. No soy el Abel amante del cómic y del Barça. No tengo 35 años. Yo no trabajaba como interino, precariamente, en un instituto de Barcelona. Yo no soy el Abel que danzaba de destino en destino, pagado mezquinamente. Yo no soy Abel saliendo a poner paz ante el griterío de la clase de al lado. No soy Abel Martínez, asesinado -sin saber el porqué- a-se-si-na-do, por un chaval inimputable y, por lo que parece, innombrable. Yo no soy Abel, muerto y enterrado. Llorado por mis padres y mi gente. Olvidado por todos los demás. Yo soy yo. Voy a mi trabajo, como él. Atiendo a mis alumnos, como él. Pido ayuda a las instituciones cuando algo no me cuadra, como seguramente hacía él. No obtengo respuesta, como él. Diluyo mi pena y mi estupor en el quehacer cotidiano. Río como antes, bromeo como antes, vuelvo a las clases, me quejo, me aguanto, me res...

Platero y yo

He leído Platero y yo . Y lo he leído con el asombro de descubrir que era la primera vez. Porque este es un libro que casi todo el mundo cree haber leído. Han sido tantos los dictados tomados en las tardes plácidas de escuela que empezaban Platero es pequeño, peludo, suave... que pensamos, sin querer mentirnos, que Platero... es una lectura ya hecha y olvidada. Lo vi en una visita a una librería, con el reclamo de celebrarse el centenario de su publicación, 1914, y lo compré por el gusto de tener un bello libro -con deliciosas ilustraciones de Thomas Doeherty- en casa. Pero cuando lo abrí y pasé de los primeros párrafos comprendí que si hubiera leído alguna vez algo tan bello nunca podría haberlo olvidado. El libro me atrapó entre sus páginas y, en el insomnio de una noche, me ganó para siempre. Si yo hubiera podido ser poeta quizá serían estas páginas las que querría haber escrito. Convertir una mariposa, una flor, las casas, los niños, un árbol, una fuente... en belleza comp...

Lo perdido

Quisiera hablarte a ti, tan lejana y tan mía. Ahora, cuando este día se ha hecho duro y no puedo consolar al inconsolable. Quizá sin experiencia y sin resabios me des el consejo que necesito y la paz que ansío. Que lo mío vive fuera de mí, que no puedo sanar todas las heridas, que soy más torpe que nunca, que me siento perdida como nunca lo estuve. Aparece a mi lado, en esa puerta del tiempo que busco, y toca mi hombro suavemente. Tu alegría infinita será el bálsamo para la infinita impotencia. Imagen: Yo misma, hace millones de años.

Solo un cuento

La funcionaria -o la pseudo funcionaria aspirante a serlo- se sentó a la mesa con la solemnidad que su tarea requería. Había sido llamada -en tiempos convulsos- a velar por el triunfo y la resurrección de la patria. En sus manos estaban las armas y el poder. En el futuro la esperaba la gloria. Preparó sus arreos con la minuciosidad del guerrero afilando su espada; con el cuidado del soldado engrasando su fusil. Dispuso frente a ella el teléfono, la lista de nombres y el bolígrafo. Inspiró y expiró unos instantes, con los ojos cerrados, meditando sobre el sagrado deber que debía acometer. Puso el dedo en el último nombre señalado y marcó el teléfono. Al otro lado de la línea descolgaron y una voz de mujer respondió. Con una última inspiración se lanzó a desgranar su discurso inflamado. Pero no era bueno que la pasión se notara a las primeras de cambio y, tal como le habían enseñado, usó una voz pausada para presentarse. Le habló, con mal disimulada adoración, del fundador -t...

Quan érem feliços

Este fin de semana he acabado de leer este libro - Quan érem feliços (Cuando éramos felices)- que saqué hace algunos días de la biblioteca. Está escrito por Rafel Nadal y son unas memorias de su infancia y primera juventud. Rafel Nadal es periodista -fue durante unos años director de El Periódico- y ganó con este libro el Premio Josep Pla de 2012. La familia Nadal es más conocida por el primogénito de los hermanos, Joaquim Nadal , que ha estado en la política catalana con presencia en el Ayuntamiento de Girona o como conseller de la Generalitat en varias etapas. La infancia que describe Rafel con minuciosidad -y con un lenguaje exquisito- no se parece en nada, nada tiene en común con la mía. Ni por origen, ni por lengua, ni por grupo social, ni por modelo de familia... No puede ser más diferente el escenario ni más distinta la experiencia. Y, sin embargo, leyéndolo me he sentido extrañamente unida a él. Porque todas las infancias felices tienen más...

La noche infinita

El dolor que atenaza de madrugada no es comparable a ninguno. Nos sentimos solos oyendo los sonidos inquietantes de la noche. La respiración acompasada de los que duermen nos desasosiega. Quisiéramos estar con ellos en ese mundo reparador del sueño. En el olvido. El reloj, que hace tiempo dejó de hacer tic-tac, recupera su sonido machacón. Nos previene de la llegada del amanecer y se convierte en una amenaza. Avanzan las horas y el dolor es lo único que sentimos nuestro. La noche se ha hecho para el sueño, para el baile, para el amor, para la amistad... La noche se ha hecho para el llanto, para el remordimiento, para la reflexión... La noche se ha hecho para la melancolía, para la ternura... En la noche se arropa a nuestros hijos y se besa a nuestro amante. En la noche se enciende una luz que ilumina el problema diurno. En la noche se espera y se desespera. Pero el rey de la noche es el dolor. Cuando él está marca los tiempos, es la medida. El jefe. Nos vuelve niños. El su...

Abuso de poder

Hay gente que abusa de su poder. Suele ser gente con poder pequeñito. Un poder de andar por casa, doméstico. Nada importante. Pero abusan de él. Y abusan porque pueden y porque quieren. Porque consiguen sus objetivos, que acostumbran a ser mezquinos, o porque afianzan una autoestima que, presumo, tienen seriamente tocada. Algunos detentan un poder vociferante y otros un poder sibilino. Hay quien cree tener mano izquierda y solo tiene la evidencia de lo que es pegada como se nos pega la sombra. Los manuales de autoayuda y los héroes de salón nos dicen que debemos rebelarnos contra ellos. Que los abusones deben ser puestos en evidencia,  avergonzados, deben ser sacados al centro iluminado para que el escarnio caiga sobre ellos y consiga vencerlos. Pero en el manual del valiente no encontramos qué hacer cuando la lista de lo que nos jugamos es larga y, echando cuentas, no nos merece la pena arriesgar para que un triste sea desenmascarado. Y así, los abusones salen siempre g...