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Entradas

Crónica de la excepción. Día 67

Voy a escribir, pero no tengo ganas. Porque seguimos parapetados en la excepcionalidad, por muchas fases y desescaladas que nos prometan, rodeados por un virus invisible, pero presente como nunca lo estuvo nada. Unos, los optimistas, lanzados a la calle, seguros tras las teorías conspirativas o las profecías de finales felices a punto de llegar. Otros, paralizados en una situación de difícil descripción: quiero la normalidad, pero la temo; quiero mi vida, pero sé que la he perdido; necesito la gente, pero en mi medicina puede estar mi perdición. Y aún así quiero escribir porque la escritura es un restañar de heridas, un paréntesis en el bucle mental, una bocanada de aire al llegar a la superficie... Y aún queriendo, y debiendo, escribir, la paralización de hoy es tal que recurro a algo ya escrito en otro blog de andadura y objetivos diferentes a este. Si a alguien le suena, me he autocopiado. Se llamaba la entrada «Los buenos tiempos». El problema de l...

Crónica de la excepción. Día 66

¿Alguien podría decirle a periodistas, políticos, tertulianos y habladores profesionales en general que modifiquen ligerísimamente su lenguaje para no repetir hasta la saciedad un  pleonasmo  innecesario que oímos continuamente? Cita previa .  Pues no, señores míos, las citas son citas y quien alguna vez haya tenido una —de cualquier índole: profesional, médica, amistosa o incluso amorosa— sabrá que la ha concertado previamente , es decir, que las partes interesadas se han puesto de acuerdo en cuándo y en dónde verse para hacer lo que tuvieran que hacer. Cuando nos citamos, hemos elegido día, hora y lugar y la otra parte es conocedora de todas esas circunstancias, con lo cual el encuentro se producirá a menos que uno de los dos fallé, que también es corriente, con excusa o sin ella. Los pleonasmos son innecesarios en nuestro lenguaje cotidiano, repiten algo que ya está implícito y recargan un lenguaje que, por su propia naturaleza, tiende a la economía....

Crónica de la excepción. Día 65

A pesar de que ayer anunciaron lluvias y tormentas, no ha podido amanecer el día más radiante y soleado. Julieta ha decidido que las tibias baldosas de la terraza trasera eran el sitio idóneo para solazarse y se ha dedicado un rato a dar vueltas sobre sí misma y a mirarnos, intentado provocar el juego. No nos veía muy por la labor, extrañada de que aquel regalo maravilloso no nos sedujera como lo hacía con ella: sol, espacio, unas peticiones de mimos, un ratito de ocio... qué sabe ella de preocupaciones o de futuros inciertos. O mejor aún: sabe mucho. Sabe que es el momento; el aquí y el ahora lo único que nos da las treguas necesarias para vivir con la serenidad que esta vida reclama. Tener un ser pequeñito que te pone los pies en el suelo, que te indica con sus gestos naturales y precisos dónde y por qué está lo que vale, no tiene precio. Y en estos días, que empezaron en el ya lejano mes de marzo, y que se alargan parece que indefinidamente, mucho más. Juli...

Crónica de la excepción. Día 64

Ha muerto  Juan Genovés  esta madrugada. Para los amantes del arte será alguien muy conocido por su trayectoria y sus valoradas obras. Pero para una gran mayoría, quizá no interesados ni entendidos en arte,  solo —y nada menos— será recordado por su obra El abrazo — expuesta actualmente en el Reina Sofía e inspiradora de la escultura del mismo título instalada en la plaza de Antón Martín, de Madrid—, símbolo de concordia y reconciliación. Más actual que nunca está hoy esta obra de arte y, tristemente, por su imposibilidad en una doble vertiente. Por un lado, su imposibilidad física, debido al distanciamiento entre personas que parece ser la única arma contra este virus asesino que nos ha dado la vuelta a la vida. Y por otro, su imposibilidad social porque vivimos tiempos de alejamiento de posturas, de radicalizaciones partidistas y de enrocamiento en posiciones de las que se espera sacar rédito político. Atrás quedaron los tiempos de los acercamient...

Crónica de la excepción. Día 62

Hace poco más de dos meses, en uno de nuestros turisteos , está hecha esta fotografía. Un paseo por la playa antes de la comida, un ratito al sol, una quejas leves por el viento, que estropeaba algo una magnífica mañana... Todo tan normal y tan corriente, tan sencillo, que apenas merecía unos comentarios sobre la primavera que ya se nos venía encima y sobre los planes que el buen tiempo nos iba a permitir hacer. Pronto más y mejor. Ese o parecidos son los comentarios que se hacen en la normalidad, en la rutina que también suele tener nuestro ocio. Ahora, a la espera de la nueva normalidad , le damos a cada uno de los actos y los gestos; a las miradas sobre el paisaje, a la mezcla con la gente, el justo valor que tiene y que añoramos. Mirando hacia la calle, tan inocente y tan peligrosa a la vez, hacemos una lista mental de las satisfacciones que ninguneábamos y que vamos a colocar en el altar de las pequeñas felicidades. Cada cual tendrá las suyas, pero no os v...

Crónica de la excepción. Día 61

Hoy hace once años que falleció Antonio Vega. Un icono del pop español, con sus composiciones mil veces coreadas y sus versiones desgarradas de éxitos ajenos —como el mítico Me quedo contigo —, cuya vida malgastada en apenas 51 años nos dejó algunas de las canciones que todavía nos ponen la piel de gallina. Y es que hoy, casualidades, me desperté tarareando La chica de ayer , que es una historia de amor y de desamor, pero que también es mucho más que eso.  Es la nostalgia en estado puro, la desazón por lo perdido, la angustia de lo que se fue y nunca más se volverá a ser. Es la tristeza de echar la vista atrás, el desasosiego de lo irrecuperable, la melancolía de lo pasado, la llamada desesperada, el adiós imparable, la despedida eterna, el tiempo desperdiciado... La pena infinita. Será el tiempo; será ver a la gente en las calles como si nada hubiera pasado; será no saber si habrá un verano que nos redima de todo esto; será ese pasar página que algunos están inte...

Crónica de la excepción. Día 60

Hoy quería escribir de muchas cosas positivas: de que ha salido el sol, de que muchos de nuestros compatriotas entran ilusionados en una nueva fase de desescalada , de que baja la cifra de muertos y de contagiados, de que quizá el verano nos traiga un respiro que buena falta nos hace... Pero la primera noticia que he visto, por casualidad, es la que ilustra esta fotografía: miles de vecinos de un barrio del sur de Madrid, Aluche, se plantaron en la calle a las cuatro de la madrugada del sábado y esperaron más de siete horas porque se iban a repartir unas bolsas con arroz, aceite, huevos, harina y un puñado de judías verdes y manzanas. Para los primeros 400 afortunados, además, un kilo de pollo. Para los niños, un bote de Nesquik o Nutella. Y ya se jodió el día. Porque el dolor que produce esa situación es un dolor que se transmite con tanta fuerza como el virus y las emociones que se desatan —desde nuestra casa con la nevera llena— son tan angustiosas que el cielo se oscure...