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Felicitaciones

Llegan días de felicitaciones.   Nos deseamos lo mejor: cada uno que escoja entre eso tan indeterminado qué es lo que necesita y lo que, a su criterio, le hará más feliz de aquí en adelante. Los que han padecido enfermedad colocan en la salud lo más preciado; los que han pasado apuros esperan un golpe de suerte o un trabajo que les mejore; los que se sienten solos esperan cariño y compañía; los tristes, alegría; los desilusionados, entusiasmo... Ciframos el cambio de nuestro destino a unas fechas señaladas en rojo en el calendario o al cambio de año que añade una vuelta más al camino del mundo. Sabemos que no es suficiente, pero nos conforta saber que alguien se ha acordado de nosotros y nos ha deseado lo mejor. Así, os envío esos deseos a todos los que me habéis querido y acompañado este año, en la confianza de que, deséandolo con fuerza, todo irá a mejor. Felices Fiestas y Feliz Año Nuevo. Imagen: retrato en el estudio fotográfico Oliveras. Hace ya...

La boda

Cuarenta y un años hace hoy de este día. Recuerdo el calor agónico del pueblo en la mañana de julio. Recuerdo la sala de la tele en penumbra para aliviar el bochorno. Recuerdo las voces de gente querida que trajinaba en la casa. Recuerdo estar pensando en la pobre muchacha que se ataba a aquel hombre tan feo mientras yo iba a salir despreocupada aquella noche con mis amigos. Recuerdo al Sevillano y a la Romera entrevistos en la cuadra desde la sala, tan iguales y tan diferentes a los caballos del carruaje real. Recuerdo sentir pena sin saber por qué. Recuerdo no querer ser princesa. Recuerdo pensar que algún día sabría responder a dónde estaba el veintinueve de julio de mil novecientos ochenta y uno. ¿Dónde estabas tú? Vídeo: corte de la retransmisión de la boda de lady Di. Youtube. Recuerdo 

Felicidades, Ana Mari

Está Ana Mari al aparato intentando contestar a tantos parabienes, buenos deseos y felicitaciones. Que hoy es su santo. Mientras ella agradece, yo pienso en los que ya no pueden felicitarla. En tantas bocas que pronunciaron su nombre con agrado y cariño; en tantas voces que le susurraron, le regañaron, le cantaron, la consolaron, le dieron ánimo; en tantas ausencias que llenan el espacio incluso más de lo que lo llenó su presencia. Ella sigue a lo suyo: "gracias, gracias, qué bueno que te acordaste de mí" y yo siento que es mejor dejarla en ese limbo de gratitud que recordarle cuántas llamadas no llegarán. Feliz santo, Ana Mari, Anita, Ana, Ana María, Anamarisilla, Aniuska, Ani, Anamore... y de cuantas más maneras te hayan nombrado. Rebusca en tu corazón, que ahí están todas las felicitaciones que faltan. Fotografía: Ana Mari con tan solo dos años.  

Mi tito Antonio. Biografía de lo cotidiano III

Mi tito me llevaba en borombillos a la cámara. Las últimas veces ya me arrastraban los pies en los escalones. Estuvo muy malito con veinte años y se salvó. El destino quería que yo lo conociera. Mi tito se iba a la carpintería de Manolo Semanas cuando venía de mañaná . Siempre me llevaba cuando yo se lo pedía. Tocaba en la puerta abierta al volver del bar con sus amigos. A mí se me iluminaba la cara cuando él asomaba. Las siestas en el zaguán eran frescas y cortas. Pronto aparejaba al Sevillano y nos íbamos al río o a la alberca de los Maquileos. Mi tito no llegaba a las manceras cuando ya araba. Su vida fue trabajar el campo. Hizo una colección de prospectos. Cada noche iba al cine. En verano, cuando lo acompañaba al de Pavón, me pelaba las pipas. Mi tito me llamaba mae cariñosamente. A mi tito su madre le enseñó a ser prudente y le enseñó, por encima de todo, a proteger a su familia. Era feliz en la Camorra con sus abuelos y sus tíos, a los que adoraba. Los mejores días de su juvent...

Lo que pido al 2022

Viajamos en una nave que completa hoy su trayecto alrededor del sol, cerrando así un ciclo de vida. Cuando lleguen las doce y las campanadas den fe del cambio de año, entre los gestos rituales de las uvas, el cava y las sonrisas, hemos de sacar unos segundos para pedir deseos para nosotros y para aquellos que apreciamos y que pueblan nuestro mundo. Es difícil elegir algo de entre todo lo que nos falta o de entre todo lo que se tiene y se quiere conservar. Algunos se aventuran a pedir que se cumpla un sueño que llevan largo tiempo acariciando. Los más conformistas piden quedarse como están. Los perezosos hacen suyos los deseos comunes y piden paz y alegría en el mundo, como si eso no dependiera de que se cumplan miles de anhelos previos. Hay quien esconde deseos, demasiado arriesgados para nombrarlos, y espera que se cumplan mágicamente solo por no decirlos en voz alta. Esperan que este que empieza sea, por fin, su año. Y hay quien ya no tiene deseo alguno porque siente que todo lo que ...

Agradecimiento

Hay gentes que fueron nosotros antes de nosotros mismos.  Los nuestros, el camino que utilizamos para venir a la vida, con su carácter, sus ilusiones y sus hechos abren una vereda a la que nos incorporamos un día, sin ser preguntados. Tenemos de ellos bueno y malo. Sus ojos, su pelo, la manera de caminar, un gesto cuando estamos descuidados, un instante de ira, un mal responder, la sensibilidad, la simpatía, la desidia o el empuje, el optimismo, la forma de ver el mundo, el conformismo, la rebeldía, la sonrisa... Revoloteamos a su alrededor en la infancia; huimos despavoridos en la adolescencia; volvemos poquito a poco en la madurez; les perdonamos; les pedimos perdón; los entendemos... Nos van abandonando. A veces, cuando les toca; a veces, cuando aún no era su hora. Les lloramos y seguimos con coraje mientras somos jóvenes. Pero a medida que pasan los años, cada pérdida es una congoja mayor. Nos van haciendo huérfanos, en el sentido más amplio de la palabra: nos dejan a la intemp...

Mi tita. Biografía de lo cotidiano II

Mi tita se llamaba Adela por su abuela paterna. Su madrina quería ponerle Encarnación, pero no quiso la familia y hubo cambio de madrina. A mi tita no le gustaba ni la leche ni el queso y había que guardarle un vaso que no hubiera estado  empringao  en leche para cuando ella viniera. Mi tita volvió a nacer cuando el mulo en el que viajaba mató de una coz en el pecho al hombre que la acompañaba y ella se quedó entre sus patas. Era asustadiza: le temía a los vivos, pero también, y sobre todo, a los muertos. Le temía a la muerte y a lo que hubiera o no hubiera después. Ahora ya, por fin, se acabaron sus temores y sus miedos. Mi tita era muy inteligente. Las maestras quisieron convencer a su padre de que le diera carrera. Mi abuelo Gonzalo no quiso ni oír hablar de ello: eran otros tiempos. Cuando veíamos juntas Cifras y letras  calculaba a la velocidad del rayo. Entre sus cosas, he descubierto las cartas que le escribió mi abuela durante años. Me ha devuelto a mi abuela a tr...