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Dicen que cumplo un año más

Lo dice la rotundidad inapelable de las fechas y el calendario. Lo dicen mi partida de nacimiento, mi carnet de conducir y mi carnet de identidad. Lo dicen el registro de la Seguridad Social, los documentos que pueblan mil y un archivos y que llevan mi nombre. Lo dicen la DGT, la AEAT, la Generalitat, el carnet de Familia Numerosa, el de la biblioteca y el del polideportivo. Lo dicen mi familia, mis amigos, mis compañeros de trabajo. Lo dice Facebook. Y aunque yo me he levantado esta mañana con ganas de disimular, he tenido que rendirme ante tanto rumor que resultó ser cierto: hoy cumplo un año más. Me busco, entre curiosa y resignada, las señales inapelables de ese cambio de año y hago inventario: una arruga inclemente que, instalada en el entrecejo, ya lo define; una cana rebelde que se enseñorea del flequillo; un cansancio mañanero que se resiste, incluso, a la ducha vigorosa; una pesadumbre indefinida en lo que tendría que ser un feliz día; un puntazo en el corazón que es...

Como agua de mayo

Como agua de mayo llamamos a aquello que nos llega cuando más lo necesitamos, a lo oportuno, a lo que nos hacía falta, a lo que nos bendice. Sin embargo, este agua de mayo tan mansa y persistente; este agua de mayo que lleva días instalada entre nosotros me ha traído una melancolía infinita. Ese cielo tan cercano y plomizo que descubro al descorrer la cortina por la mañana es un cielo que me encoge el corazón sin tener motivo ni razón. Quizá es el cansancio del invierno, quizá el haber tenido la miel en los labios con unos días soleados, brillantes, luminosos que lo prometían todo. Tal vez sea que, a medida que pasan los años, salir de un invierno se nos hace algo más apremiante. Creemos que con las tardes de sol, con las siestas indolentes, con las noches estrelladas recuperaremos infancias y juventudes cada vez ¡ay! un poquito más lejanas. Por eso este agua de mayo que los hombres del campo tanto agradecen a mí me está costando tristeza, añoranza, melancolía, nostalgia....

Velis nolis

Van a pasar los años y ajarán tus manos, tus mejillas; huirá el brillo de tu pelo y la luz de tu mirada. Velis nolis. Lo que empezó estallándote el corazón se quedará en rescoldo, en tibia brisa, en remanso lento. O quizá solo en humo.Velis nolis. Aquellos que fueron tu refugio y tu alegría partirán de tu lado. Poco a poco olvidarás sus voces y el tacto de sus manos. Velis nolis. Crecerán tus hijos. Volarán y el centro de su vida será otro sitio y otras gentes. Velis nolis. Los amigos del alma se perderán en los vericuetos de la vida. Las tardes infinitas que pasaste con ellos serán un hueco en tu memoria. Velis nolis. Cambiará tu tierra y será otra. No conocerás sus caminos ni sus calles. Las piedras que pisaste en dulces madrugadas dejarán de ser piedras y de ser conocidas. Velis nolis. Las canciones, los libros, los poemas queridos... lo que formó tu alma dejará de escucharse, de correr boca a boca; nadie recordará haberlos recordado. Velis nolis. Los gestos que repi...

Lo que las heroínas literarias me enseñaron

Ana Karenina , que aquello que fue no será para siempre, por fuerte que parezca. Que hay que tener cuidado con lo que se desea porque se puede conseguir. Que hay cargas cuyo peso doblegan el alma. Doña Inés , que la potencia de la entrega y la inocencia pueden vencer la villanía. Que el amor es sanador. Que hay esperanza. Scheherezade , la fuerza de la voluntad y el poder de la narración. Que alguien que no te quería te puede llegar a querer. Que las llamas se prenden con la constancia. Alicia , que no hay barreras cuando juegas con la imaginación y la curiosidad. Que de ser especial nace todo lo bueno. Emma Bovary , que hay que luchar contra las vidas mediocres, conformistas y sumisas, cueste lo que cueste. Aunque en el intento se quede la piel. Antígona , que la desobediencia es a veces el camino de la liberación. Que combatir por lo que creemos nos libera y, si en ello perdemos la vida, habremos ganado sin duda. Emma Woodhouse , que hay que escuchar al propio coraz...

Inventario de lugares propicios al amor

Esta semana hemos tenido comidilla: en las redes sociales, en la tele, en los grupos de whatsapp, en las tertulias con amigos y compañeros...: la pareja que, este pasado sábado, tuvo una urgencia y decidió consumar en la estación de metro de Liceu, en Barcelona. Los comentarios, variopintos, iban desde lo más vulgar a lo más metafísico. Que si qué asquito luego sentarse ahí, que si dónde acaba la libertad de unos y empieza la de otros, que si dónde vamos a ir a parar, que qué hacía la gente mirando y sin actuar (??)... TMB se lava las manos -'nadie pulsó el botón de alarma' (???)-. Los mossos, también -'no hay denuncia'-. Y los espectadores del andén (que fueron muchos aunque en la imagen no se recoja) supongo que tendrán sus propias explicaciones sobre su indiferencia, su apatía, su sorpresa, su vergüenza ajena. Yo, que soy romántica por naturaleza (aunque esas luces, esa gente, esos calcetines puestos, esa ropa tirada en el suelo del andén no ayuden) le ofrezc...

En los días más largos y tristes del invierno...

En los días más largos y tristes del invierno, cuando la primavera era solo una palabra, dibujaba tu perfil en el cristal de la ventana. Una subida, una bajada, un largo llano, una abrupta caída y, siempre, allá en lo alto, un sol de largos rayos. Afuera llueve y hace frío pero el cristal reluce y mi dedo infantil es un pincel de sueños; la imagen empañada eres tú misma, no hay tiempo ni distancia. Soy poderosa y te traigo a esta casa tan fría, a esta tierra tan otra, a esta vida tan tibia. Soy poderosa y, en cerrando los ojos, la piel se hace verano y tú, tan maternal, tan mía, me soplas al oído promesas de alegría. La batalla del tiempo la acabaré perdiendo. Y cerraré mi vida quizá una primavera, quizá un lluvioso otoño. Evocaré personas y momentos de dicha. Evocaré tu sombra. Y moveré en silencio los dedos en mi pecho: una subida, una bajada, un largo llano, una abrupta caída y, siempre, allá en lo alto, un sol de largos rayos. Imagen: fotografía...

Querida Ana Mari

Querida Ana Mari: ¿Qué haces con esas mangas, ese vaquero, ese calzado... bajo el furibundo calor de agosto? Ni siquiera el frescor del Torbiscal debe estar aliviándote. ¡Ah, ya lo veo! No te gusta mostrarte en ese -tú no sabes que lo es- esplendor juvenil. Te ves poquita cosa, tan delgada, casi invisible entre tus amigas; más mujeres, más hechas, llevándote (permíteme la broma), nunca mejor dicho, la delantera. ¿Y qué escondes a tu espalda? ¡Ah, ya está! El sombrero que te pidieron que te quitases para la foto. El que oculta tu cara de niña buena, dos o tres granitos que se te hacen montaña y unas cejas recién depiladas por vecinas muy dispuestas que te han dicho que es de lo mejor para parecer mayor. Te han pedido que sonrías y apenas lo haces. Es curioso, tantos motivos para la risa y tanta timidez para mostrarla. Aún han de pasar muchos años antes de que, ante el objetivo del fotógrafo, te muestres espontánea y feliz. Feliz a pesar de que la vida ya no te dé tantas oport...