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Feliz día de Andalucía o Amar nuestro origen sabiendo que ningún mérito hay en ello.

  Nuestra llegada a este mundo es, siempre, fruto del azar. Abrimos los ojos en un tiempo y en una casa, en un pueblo o ciudad, en un país... porque millones de azares se han encadenado para que así fuera. Mi padre y mi madre, y a su vez mis abuelos y abuelas, mis bisabuelos y tatarabuelos coincidieron en tiempo y espacio como pudieron no haberlo hecho.  Un viaje; una guerra; una profesión u otra; una enfermedad que salva o mata; una decisión, buena o mala; unos hijos que se mueren y dejan vacíos que hay que llenar; unos viudos que recomponen sus vidas porque aún son jóvenes; cruzar a tiempo una acera o no cruzarla; mirar a alguien por la calle y cambiar de rumbo; ser violento o pacífico; valiente o cobarde; el primero o el último de la familia...  Todas esas e infinitas variables más hacen que lo que eres rompa a llorar al salir del vientre de tu madre e inicies un camino único que nadie sabe a dónde puede llevarte. En ese camino, te enseñan a hablar en un idioma; te inc...

Yo he visto cosas que vosotros no creeríais

Yo he visto cosas que no creeríais. Atacar naves en llamas más allá de Orión. He visto rayos-C brillar en la oscuridad cerca de la Puerta de Tannhäuser. Todos esos momentos se perderán en el tiempo, como lágrimas en la lluvia. He visto el Teleprograma, el cobrador de los muertos, las cabinas de teléfonos, los butaneros del país, el Tang de naranja y limón, la Mirinda, los calcetines con borlas, la medalla de la madre ( dar mucho, recibir poco ), las estampas para el aguinaldo, las porterías sin telefonillo, los cromos en los chocolates, los Pulgarcitos, los tebeos apaisados, los cascos retornables, los autobuses con cobrador, las neveras de hielo, los pasos a nivel, las enaguas y los cancanes, las piruletas a peseta, la tele en blanco y negro, las pipas de Popeye, los yoyós, las pesetas de papel, los dos reales con agujero, las antenas de cuernos, la carta de ajuste, las lecherías, los bares con cáscaras de gambas, el cine de sesión continua, el Nodo, Franco inaugurando pantanos, los t...

Donde fuimos felices

Qué maravilloso es que te regalen. Significa que alguien ha pensado en ti; que ha dedicado su tiempo a recordar cómo eres, lo que te gusta, lo que alguna vez has mencionado como deseo; que se ha fijado en lo que llevas, en lo que lees, en lo que alabas... Qué maravilloso es regalar. Significa que tienes a gente querida; que has dedicado tu tiempo y tu esfuerzo y tu dinero a invertir en provocar una sonrisa de felicidad, una emoción, un agradecimiento genuino. Y luego está el autorregalo.  Significa que decides que te mereces algo y que tú también te quieres; que has encontrado un detalle que te emociona, que te calma, que te alegra. No tiene que ser caro si quieres sorprenderte a ti misma, puesto que el dinero no es la medida de la felicidad; no tiene que ser corriente, puesto que cada día te rodeas de cosas corrientes. Tiene que ser pasión hecha objeto. Y así ha sido mi autorregalo de Reyes este año. Hay sitios donde una ha sido infinitamente feliz. Con la genuina felicidad de la ...

A por el año 21

Un bulo muy extendido hace unos años decía que si todos los chinos saltaran a la vez, alterarían el eje de rotación de la Tierra. Se desmintió con todos los datos precisos, pero, de vez en cuando, vuelve a circular la historia. Y bien está, porque, de todos los bulos y mentiras que nos rodean, cosillas así no hacen más daño que tildar de inocente o ignorante o crédulo —o las tres cosas a la vez— a quien lo propala. Esto viene a cuento de que me da a mí que —si bien los chinos saltando, no— nosotros deseando esta noche podríamos —si las leyes físicas no fueran tan estrictas— sacar a la Tierra de su eje y, aún incluso, cambiar el rumbo de los planetas. Porque, ¿a que vamos a pedir lo mismo? Todos a la vez, con la fuerza de un ciclón, que diría la folklórica, vamos a pedir volver a vivir como vivíamos y volver a ser como éramos. Vamos a pedir tocar los botones del ascensor y de los telefonillos sin usar el codo; saludar con dos besos y un abrazo a amigos, parientes y conocidos; probar el...

Negociado de deseos

¿Hablo con el Negociado de deseos para el año 21? Sí, mire, es para que tomen nota de los míos.  A ver, vaya apuntando que la logística es precaria. Póngame primero Salud. Con mayúscula inicial, por favor, que eso siempre le da una solemnidad y un peso necesarios. ¿Cómo que es una obviedad? ¿Me va usted a decir que en estas fechas, y en este año más, recogen ustedes algo que no sea obvio? Céntrese y no comente. Póngame usted también mucha paciencia. La paciencia nos va a hacer falta. Y a mí, más. ¿Que por qué? Yo me entiendo; solo le diré que este año hemos hecho corto y hay que volver a hacer acopio. Luego quiero gente a mi lado. Quiero decir a mi lado como antes: abrazos, besos, bailes, roces, compañía.... Sí, sí, claro, sin mascarilla. En lo tocante a la economía, me va a poner vivir sin alharacas, pero sin apuros. Para acabar, hágame un popurri bien despachado: su poquito de tranquilidad, su muchito de paz, sus arrobas de calma, sus pizcas de alegría, etc., etc. ¿Cómo? No, no, ...

En recuerdo de los ausentes

Abro un álbum, abro otro. Me los encuentro llenos de ausentes. El primer impulso es el llanto por todos ellos. Por el hueco que dejaron, por lo que se perdieron, por lo que nos perdimos... Pero al primer impulso hay que dominarlo. Hacer con él una apretada bola y lanzarla lejos del corazón.  Y abrir las puertas al recuerdo dulce, a los momentos compartidos, al agradecimiento por habernos hecho como somos, a la alegría de saber que nunca mueren mientras nuestra memoria los devuelva a la vida tan jóvenes, tan fuertes, tan nuestros. Y recuerdo a la prima hermana siempre sonriente —gracias—, a la amiga detallista —gracias—, a la abuela que peinaba mis trenzas —gracias—, al primo hermano que me llevó de la mano —gracias—, al padre trabajador —gracias—, al abuelo sabio —gracias—, al tito del alma —gracias—, a la madre sonriente —gracias—, a la abuela diminuta —gracias—,  a tantos titos y primos que pueblan de anécdotas mi cabeza —gracias—, a los vecinos y paisanos, prudentes o dicha...

Crónica de la excepción. Día 80

Día 80. Me parece un buen día para acabar con estas crónicas, sobre todo después del parón de esta semana por motivos ajenos a mi voluntad. Han sido ochenta días en los que aquí he volcado de todo: desde esperanza hasta desesperación, desde humor hasta acritud, desde comprensión hasta críticas desgarradas...  Como la misma vida, vaya, pero en confinamiento. No cierro estas crónicas porque hayamos salido de la excepción —cosa que tardará y cuyo final no sabemos a qué normalidad nos lleva—, sino porque ya no estamos todos en ese barco de la excepcionalidad en el que hemos navegado durante tantas semanas. Solo hay que ver la calle: tráfico normal, gente a todas horas (y aquí solo estamos en la fase 1), grupos, cercanías, un ambiente festivo de aquí no ha pasado nada ... En fin, lo que la  mayoría sabíamos —y nos temíamos— que iba a ocurrir. Queda por delante un trabajo personal complicado y duro y una tarea social no menos dura ni menos complicada. Cada uno...