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Mostrando entradas de septiembre 18, 2013

Qué sería de mí sin mí

Creemos depender de aquello que nos rodea: lo que conseguimos, las personas que nos aguantan o que nos apoyan, los éxitos, las cosas materiales... Creemos que nuestra felicidad, o sencillamente nuestra tranquilidad, depende de lo que el día nos depara.

Avanzamos por la vida convencidos de que el alcanzar las metas que nos fijamos nos hará dichosos. Nos ponemos plazos para ser felices: cuando sea independiente, cuando mis hijos crezcan, cuando me jubile... Quemamos etapas con el anhelo de llegar a la siguiente, a aquella que nos proporcionará -¡por fin!- el ansiado estado de armonía. La Felicidad, con mayúscula. Está en el poder, está en el dinero, está en la salud, está en los míos, está...

Y llega un momento, más tarde o más temprano, en el que los golpes de la vida te obligan a parar, a replantearte las cosas y a decidir que el valor que sacas después de las caídas, la fuerza que sacas después de los fracasos, el empuje después de las desilusiones, la energía después de las tristez…