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Mostrando entradas de septiembre, 2015

Arrepentimiento y olvido

Si, como intuye Onetti, en la vida solo hay arrepentimiento y olvido el tiempo que discurre entre nacer y morir lo dedicamos a intentar rehacer lo hecho, enmendar lo equivocado, restañar las heridas y olvidar los duelos.

No hay margen para casi nada más y en cada alto del camino recontamos el debe y el haber. Balanceamos y descubrimos casi siempre que nada de lo propuesto se ha cumplido y nada de lo sembrado florece.
Las luces se diluyen en las sombras y las risas son espejismos lejanos que ya no nos pertenecen.

Según sea nuestro corazón así somos capaces de levantarnos nuevamente y afrontar el camino. Según sea nuestra fuerza así aceptamos que la vida es un sendero de una sola dirección. Según sea nuestra fragilidad nos sentimos lastrados o ligeros; dueños de lo que viene o esclavos de lo que vino; arrepentidos o sabios escarmentados. Así, tal como somos, o tal como nos sentimos, enarbolamos el olvido: como ungüento que sana o como refugio que acoge.

Quizá, en este trayecto tan escl…

Cuando yo digo cine...

Cuando yo digo cine no hablo de suaves y mullidas butacas.
Digo filas de sillones azules con el metal enfriando mis muslos juveniles.

Cuando yo digo cine no hablo de moquetas que amortiguan los pasos.
Digo alfombras de pipas que crujen bajo mis sandalias.

Cuando yo digo cine no digo pantallas gigantes, infinitas.
Digo salamanquesas cruzándole la cara a Víctor Mature.

Cuando yo digo cine no huelo ambientadores de cedros de Noruega.
Digo jazmín, dama de noche, perfumes de verano...

Si te hablo de cine no te hablo de silencio y sigilo.
Te estoy hablando de risas, de murmullos continuos, de idas y venidas, de trajín y roneo.

Cuando te digo cine no pienso en palomitas. Pienso en pipas y un botijo rezumando frescor.

Cuando yo digo cine digo parpadeo de luces que anuncian el descanso -no sea que los chiquitos sean pillados en falso-, digo carteles en la plaza, prospectos en la mano, digo una ventanilla diminuta desde la que me alargan las entradas, digo noches estrelladas, amigas cogidas de…

Días de septiembre

Tienen los días de septiembre sabor a domingo por la tarde, a fiesta terminada, a verbena donde vuelan
 -remojados por unas gotas intempestivas- los banderines y los farolillos que colgaban brillantes pocas horas antes.

Un algo, indefinible, sin nombre ni descripción posible, se instala en el centro del pecho para anidar durante los meses venideros.

Ni siquiera el placer de habernos sabido libres y felices, despojados del frío y de la ropa, de la palidez invernal y del hastío de la rutina, nos consuela de las tardes mortecinas que ya acechan.

Nos dicen los bienintencionados que vendrá otro verano -radiante y eterno como siempre parece-. Pero ese verano ya no nos encontrará a nosotros. Seremos otros -más viejos, no por ello más sabios-; más tristes, con cada vez menos luz y más sombras. Ni el sol ni el agua podrán limpiar de años la piel ni de decepciones el corazón.

Y así, más pronto que tarde, será septiembre todo el año.

Imagen: fotografía familiar. La Juncosa del Montmell. Hace un…

Quien tiene un río tiene un tesoro

A despecho de lo que digan que dijo Heráclito, el río en el que entramos en nuestra infancia siempre será para nosotros el mismo río.

En nuestra piel se quedó su caricia; sus aguas se prendaron de nuestro reflejo, lo atraparon para siempre y lo acunan en su lecho para que no dejemos de ser quienes fuimos.

Si callamos un momento, si paramos la algarabía cotidiana que nos aturde y nos hace correr desaforados para conseguir quién sabe qué, oímos entre los álamos y los tarajes su llamada milenaria. Nos susurra palabras tiernas con la voz de los que nos quisieron; nos devuelve las risas que le dimos; nos promete, nos seduce, nos alienta...


Yo tengo un río así. No hay rincón ni paisaje paradisíaco que pueda conmoverme tanto como él lo hace.
El Torbiscal, la barca, las tres adelfas, el puente, las charcas...
El Genil subiendo y bajando al ritmo que le marcaba la presa de Iznájar.
"El río está echao, que sueltan el río..."
Y mis oídos infantiles, al conjuro de esa frase, transforma…