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Mostrando entradas de 2019

El último viaje

Un tren de nombre cambiante -el Sevillano, el Catalán- corriendo entre paisajes de una España hoy olvidada.
Un tren mitad gris, mitad verde, como el país que transitaba entonces del gris de las penurias al verde esperanzado.
Alcázar de San Juan, las navajas de Albacete voceadas en los andenes, Despeñaperros, Santa Elena por fin, olivares inacabables, hombres segando...

Asientos de escay, pasillos atestados, sudor, fiambreras, equipajes variopintos: cartón y cuerdas, canastos, damajuanas...
Y una niña morena que llenaba de cruces el calendario ahogándose ante el deseo cumplido. Y su padre a su lado, dormitando, mientras ella se bebía el paisaje con los ojos.
Y el sur, que siempre espera paciente a que sus hijos vuelvan. No importa el tiempo -corto para los hombres, eterno para la tierra-. Siempre espera.
Y llega el último viaje y la niña morena acomoda al padre en su regazo, dormido ya definitivamente, para que el sur lo acoja y lo redima y lo devuelva a la paz que todos merecemos.
El…

Mi padre. Biografía de lo cotidiano I

Mi padre tenía un diente de oro.
Maravilla de las maravillas, en la boca de mi padre refulgía un tesoro. Que sus paisanos también lo tuvieran no era demérito ante mis ojos. El oro de la boca de mi padre era el oro de los Reyes Magos, el oro de las minas del Rey Salomón, el oro de los pioneros, el oro de los piratas.

Mi padre tenía una Ducati. La guardaba en un enorme garaje al que yo lo acompañaba a veces. Las mañanas de los domingos me acomodaba entre sus brazos sobre el depósito de gasolina y mi madre, con su pañuelo anudado bajo la barbilla, se aferraba a su espalda. Los tres, como salidos de una película neorrealista, enfilábamos calle abajo hacia los bloques de Bellvitge. Nunca nadie fue más feliz.

Mi padre se ponía a menudo un clavel en la solapa. Porque en aquellos años de desarraigo, todos los paisanos se reunían en bodas, bautizos y comuniones. Los hombres, con su puro y su clavel. Las mujeres, con su cigarrillo y su peinado de crespado imposible. El clavel de mi padre siemp…