La otra mañana, hojeando La Vanguardia, me encontré con una columna en la que se le daba vueltas a un tema que es objeto de muchas opiniones y controversia. El asunto en cuestión es si vivimos los actos, los viajes, los acontecimientos... o hemos perdido el placer de su disfrute en presente para trasladarlo, en una pirueta temporal, al momento en el que mostramos las fotos a los demás y a nosotros mismos. Contra ese comportamiento habitual de echar fotos sin medida (ay, el carrete famoso que nos obligaba a seleccionar qué foto tomar) y compartirlas, en presencia o por las redes sociales, se alzan muchas voces, algunas airadísimas. Que desatendemos la vida que está pasando a nuestro lado. Que cambiamos el disfrute de ahora por, como se dice en esta columna, el disfrute del futuro. Que buscamos encuadres, sonrisas, ángulos... y descuidamos el trato, la mirada, el roce. Que hacemos de nuestra vida una película en la que somos actores, directores, guionistas, figurantes... Que no...