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Entradas

El último viaje

Un tren de nombre cambiante -el Sevillano, el Catalán- corriendo entre paisajes de una España hoy olvidada.
Un tren mitad gris, mitad verde, como el país que transitaba entonces del gris de las penurias al verde esperanzado.
Alcázar de San Juan, las navajas de Albacete voceadas en los andenes, Despeñaperros, Santa Elena por fin, olivares inacabables, hombres segando...

Asientos de escay, pasillos atestados, sudor, fiambreras, equipajes variopintos: cartón y cuerdas, canastos, damajuanas...
Y una niña morena que llenaba de cruces el calendario ahogándose ante el deseo cumplido. Y su padre a su lado, dormitando, mientras ella se bebía el paisaje con los ojos.
Y el sur, que siempre espera paciente a que sus hijos vuelvan. No importa el tiempo -corto para los hombres, eterno para la tierra-. Siempre espera.
Y llega el último viaje y la niña morena acomoda al padre en su regazo, dormido ya definitivamente, para que el sur lo acoja y lo redima y lo devuelva a la paz que todos merecemos.
El…
Entradas recientes

Mi padre. Biografía de lo cotidiano I

Mi padre tenía un diente de oro.
Maravilla de las maravillas, en la boca de mi padre refulgía un tesoro. Que sus paisanos también lo tuvieran no era demérito ante mis ojos. El oro de la boca de mi padre era el oro de los Reyes Magos, el oro de las minas del Rey Salomón, el oro de los pioneros, el oro de los piratas.

Mi padre tenía una Ducati. La guardaba en un enorme garaje al que yo lo acompañaba a veces. Las mañanas de los domingos me acomodaba entre sus brazos sobre el depósito de gasolina y mi madre, con su pañuelo anudado bajo la barbilla, se aferraba a su espalda. Los tres, como salidos de una película neorrealista, enfilábamos calle abajo hacia los bloques de Bellvitge. Nunca nadie fue más feliz.

Mi padre se ponía a menudo un clavel en la solapa. Porque en aquellos años de desarraigo, todos los paisanos se reunían en bodas, bautizos y comuniones. Los hombres, con su puro y su clavel. Las mujeres, con su cigarrillo y su peinado de crespado imposible. El clavel de mi padre siemp…

La comprensión muy justa y la boca muy grande

Parte de mi trabajo consiste en enseñar a alumnos de la ESO a leer y escribir en el más amplio sentido de la palabra: a leer comprendiendo todas y cada una de las palabras y el significado que tienen en su contexto. A interpretar lo leído y a reflexionar, si se requiere una respuesta.
Es una tarea ardua porque no es la lectura aquello que más atrae hoy en día al común de los adolescentes y, a veces, me desespero por los errores de interpretación que cometen en su desconocimiento del lenguaje.
No obstante, soy optimista y creo que el tiempo y la madurez les darán la curiosidad necesaria para subsanar las lagunas que ahora tienen.
Aunque hay situaciones que me hacen perder el optimismo al comprobar que la gente no aprende por madurez y que la ignorancia campa libremente por nuestra sociedad con el agravante de ser atrevida y dañina.
Todo este preámbulo viene a cuento de una desafortunada situación en la cual me vi envuelta ayer en las redes sociales.
En un grupo de facebook, que yo con…

La penosa utilización de los niños

Antes en los suplementos dominicales y ahora en internet, encontramos de vez en cuando artículos que aconsejan sobre cómo comportarnos en la mayoría de las circunstancias de la vida.

En los dedicados a ilustrarnos sobre cómo proceder en una entrevista de trabajo o en el delicado momento de pedir un aumento de sueldo o una mejora en nuestro puesto de trabajo o de intentar convencer de las bondades de lo que vendemos o promocionamos, una regla de oro es que NUNCA, pero NUNCA, y bajo ningún concepto, debemos echar mano de argumentos que pongan el acento es nuestras circunstancias personales presuntamente lastimosas y en las penas y quebrantos que arrastramos en nuestro triste caminar.

Así, nuestro futuro empleador, nuestro jefe, nuestro posible comprador, no debe recibir como argumento las penosas circunstancias económicas por las que estamos atravesando, el hambre que pasan nuestros chiquillos o lo listos que somos sin que nadie nos lo reconozca.

Los argumentos que deben sustentar nues…

Escribo para mi gato. Hoy, croquetas.

Esta tarde tengo clase. La única tarde de la semana. Es por esa maldita asignatura que arrastro desde el curso pasado: una mezcla de desesperanza y desidia hizo que la suspendiera y ahora no me queda más que seguir el plan de recuperación que me imponen en el bachillerato. Y, sin embargo, mientras me arreglo por las mañanas, voy silbando bajito mientras le sonrío al espejo.
Y la razón no es otra más que hoy tocan croquetas.
La abuela me espera sobre las tres de la tarde –la excusa perfecta es que la casa me queda lejos para ir y volver en esa escasa horilla que tengo- con una fragante fuente de croquetas recién hechas, cuyo olor ya me traspone mientras me peleo para meter la bici en el ascensor.
Ella ya ha comido. Sus horarios octogenarios le ponen las tres de la tarde más cerca de la merienda que del almuerzo. A mí me espera una mesa puesta con las croquetas en el altar mayor.
La beso con todo el cariño en los labios aunque el cuello ya se me alargue pasillo adelante, camino del com…

El agua que somos

Cuando se necesita a alguien con ansia se dice que se le necesita como el agua. Y así es.
Nada nos es tan imprescindible -dejemos el aire que respiramos para otra ocasión- y de ella vivimos.
Somos agua.

De la sequía se ha hecho siempre un demonio feroz, una plaga bíblica, una ruina de hombres y haciendas.
Se la ha intentado conjurar de mil maneras y los regímenes totalitarios -deseosos de mantener al pueblo contento y calmado- hacían de esa batalla la piedra de toque de su economía.

Así, los embalses en la dictadura de Franco fueron pilar y sostén del crecimiento y del apaciguamiento. Sus obras eran motivo de orgullo y se mostraban como prueba de la consecución de la paz política y social.
Bajo sus cimientos se escondieron muchas historias -de sangre, de lágrimas, de abandono, de renuncia, de esfuerzo ímprobo- y se perfilaron muchos planes de sometimiento.

Y ahí están hoy. Despojados por fin de oscuras intenciones y orgullosos de ser el anhelo y el espejo donde se miran muchos pueblo…

In memoriam

Me dicen que te has ido, Roger,
e imagino la Xopa,
saliendo queda en la negra madrugada.
Ni te importa la oscuridad profunda,
ni la mar inquieta,
ni la incierta singladura.
Marinero en la proa,
armado de ilusiones,
pertrechado de la luna bebida a borbotones;
en compañía de aquellos que pueblan tu memoria.
Sereno, firme,
aliviado de un cuerpo que no te respondía;
vencedor de batallas: al fin, por fin, al cabo.

Me dicen que te has ido, Roger,
e imagino el rugido del Mustang,
anunciando la huida.
Ni te importa la carretera solitaria,
ni el horizonte ancho,
ni la dudosa meta.
Piloto al mando,
seguro en el camino,
explorador gozoso de las rutas ignotas;
escuchando las voces que te hicieron quien eres.
Sereno, firme,
aliviado de un cuerpo que no te respondía;
vencedor de batallas: al fin, por fin, al cabo.

Me dicen que te has ido, Roger,
e imagino tu pluma
levantando su vuelo.
Ni te importa la soledad del escribiente,
la gloria que no llega
ni el ímprobo trabajo.
Creador de futuros,
soñado…