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Mostrando entradas de 2018

La comprensión muy justa y la boca muy grande

Parte de mi trabajo consiste en enseñar a alumnos de la ESO a leer y escribir en el más amplio sentido de la palabra: a leer comprendiendo todas y cada una de las palabras y el significado que tienen en su contexto. A interpretar lo leído y a reflexionar, si se requiere una respuesta.
Es una tarea ardua porque no es la lectura aquello que más atrae hoy en día al común de los adolescentes y, a veces, me desespero por los errores de interpretación que cometen en su desconocimiento del lenguaje.
No obstante, soy optimista y creo que el tiempo y la madurez les darán la curiosidad necesaria para subsanar las lagunas que ahora tienen.
Aunque hay situaciones que me hacen perder el optimismo al comprobar que la gente no aprende por madurez y que la ignorancia campa libremente por nuestra sociedad con el agravante de ser atrevida y dañina.
Todo este preámbulo viene a cuento de una desafortunada situación en la cual me vi envuelta ayer en las redes sociales.
En un grupo de facebook, que yo con…

Escribo para mi gato. Basta un instante.

BASTA UN INSTANTE Cómo acabé oyendo un chiste sobre el conflicto vasco sentada en el velador de una feria andaluza es una historia larga. Pero el caso es que allí estaba yo, paralizada por el miedo, en un instante que se me antojó eterno. El humorista –conocido entonces solo por los seguidores de Canal Sur; gomina, barba de hípster y look agropijo- hilaba unas pretendidas anécdotas verídicas con otras, provocaba la risa de la concurrencia con humor grueso y asaltaba la realidad con estocadas revenidas. En ese relato de su apócrifa vida, donde menudeaban el esto es verdad, como me pasó os lo cuento y otras frases que todo narrador de historias, desde la juglaría, conoce y usa con eficacia, apareció, antes de mi momento de terror, un amigo vasco. Todos los estereotipos iban cayendo uno tras otro, recalcando esa fama, merecida o no, de prepotencia y chulería. El recinto ferial se venía abajo entre risas y palmas; en unos casos porque lo disfrutaban y en otros porque el alcohol propiciaba los…

La penosa utilización de los niños

Antes en los suplementos dominicales y ahora en internet, encontramos de vez en cuando artículos que aconsejan sobre cómo comportarnos en la mayoría de las circunstancias de la vida.

En los dedicados a ilustrarnos sobre cómo proceder en una entrevista de trabajo o en el delicado momento de pedir un aumento de sueldo o una mejora en nuestro puesto de trabajo o de intentar convencer de las bondades de lo que vendemos o promocionamos, una regla de oro es que NUNCA, pero NUNCA, y bajo ningún concepto, debemos echar mano de argumentos que pongan el acento es nuestras circunstancias personales presuntamente lastimosas y en las penas y quebrantos que arrastramos en nuestro triste caminar.

Así, nuestro futuro empleador, nuestro jefe, nuestro posible comprador, no debe recibir como argumento las penosas circunstancias económicas por las que estamos atravesando, el hambre que pasan nuestros chiquillos o lo listos que somos sin que nadie nos lo reconozca.

Los argumentos que deben sustentar nues…

Escribo para mi gato. Ana Mari y la foto de Forcano

El jueves va a la biblioteca y selecciona unos cuántos libros. Algunos recomendados por amigos; otros, por páginas de internet. Todos le han parecido interesantes. Un total de ocho: quiere lectura para días.

El viernes y el sábado lee uno. A medias; no ha mejorado a pesar de las oportunidades que le ha dado, capítulo tras capítulo. Omitamos su título: no hay que hacer sangre.

El domingo empieza otro: El día de mañana, de Ignacio Martínez de Pisón. Muy buenas críticas. Muchas recomendaciones, entre ellas la de Justo. Empieza bien. Se anima.

A media tarde lo deja sobre el sofá para ir a merendar. Regresa. Lo coge y, como ya está metida en la historia, se fija atentamente en la portada. Es una fotografía de Eugeni Forcano, un grande. Destino. Editorial Seix Barral. Fotógrafo de la vida en la calle.

Años 60. Un limpiabotas. Un joven indolente leyendo el periódico. Reanuda la lectura.

Y, de repente, se detiene. Cierra el libro. Y vuelve a mirar esa fotografía. Pero esta vez no mira la esc…

Escribo para mi gato. Hoy, croquetas.

Esta tarde tengo clase. La única tarde de la semana. Es por esa maldita asignatura que arrastro desde el curso pasado: una mezcla de desesperanza y desidia hizo que la suspendiera y ahora no me queda más que seguir el plan de recuperación que me imponen en el bachillerato. Y, sin embargo, mientras me arreglo por las mañanas, voy silbando bajito mientras le sonrío al espejo.
Y la razón no es otra más que hoy tocan croquetas.
La abuela me espera sobre las tres de la tarde –la excusa perfecta es que la casa me queda lejos para ir y volver en esa escasa horilla que tengo- con una fragante fuente de croquetas recién hechas, cuyo olor ya me traspone mientras me peleo para meter la bici en el ascensor.
Ella ya ha comido. Sus horarios octogenarios le ponen las tres de la tarde más cerca de la merienda que del almuerzo. A mí me espera una mesa puesta con las croquetas en el altar mayor.
La beso con todo el cariño en los labios aunque el cuello ya se me alargue pasillo adelante, camino del com…

El agua que somos

Cuando se necesita a alguien con ansia se dice que se le necesita como el agua. Y así es.
Nada nos es tan imprescindible -dejemos el aire que respiramos para otra ocasión- y de ella vivimos.
Somos agua.

De la sequía se ha hecho siempre un demonio feroz, una plaga bíblica, una ruina de hombres y haciendas.
Se la ha intentado conjurar de mil maneras y los regímenes totalitarios -deseosos de mantener al pueblo contento y calmado- hacían de esa batalla la piedra de toque de su economía.

Así, los embalses en la dictadura de Franco fueron pilar y sostén del crecimiento y del apaciguamiento. Sus obras eran motivo de orgullo y se mostraban como prueba de la consecución de la paz política y social.
Bajo sus cimientos se escondieron muchas historias -de sangre, de lágrimas, de abandono, de renuncia, de esfuerzo ímprobo- y se perfilaron muchos planes de sometimiento.

Y ahí están hoy. Despojados por fin de oscuras intenciones y orgullosos de ser el anhelo y el espejo donde se miran muchos pueblo…