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Arrepentimiento y olvido

Si, como intuye Onetti, en la vida solo hay arrepentimiento y olvido el tiempo que discurre entre nacer y morir lo dedicamos a intentar rehacer lo hecho, enmendar lo equivocado, restañar las heridas y olvidar los duelos.

No hay margen para casi nada más y en cada alto del camino recontamos el debe y el haber. Balanceamos y descubrimos casi siempre que nada de lo propuesto se ha cumplido y nada de lo sembrado florece.
Las luces se diluyen en las sombras y las risas son espejismos lejanos que ya no nos pertenecen.

Según sea nuestro corazón así somos capaces de levantarnos nuevamente y afrontar el camino. Según sea nuestra fuerza así aceptamos que la vida es un sendero de una sola dirección. Según sea nuestra fragilidad nos sentimos lastrados o ligeros; dueños de lo que viene o esclavos de lo que vino; arrepentidos o sabios escarmentados. Así, tal como somos, o tal como nos sentimos, enarbolamos el olvido: como ungüento que sana o como refugio que acoge.

Quizá, en este trayecto tan esclavo, solo nos quede el consuelo de sabernos fugaces. Estrellas que caen para siempre sin dejar rastro de su paso.

Imagen: taringa.net

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