Hay temas en literatura que dan pereza. Mucha pereza. El conflicto vasco, por ejemplo. Porque es un tema que hemos vivido pegado a nuestra piel. Nos desayunábamos con bombas lapa, tiros en la nuca, secuestros, impuestos revolucionarios, miradas y gestos mafiosos, contenedores y autobuses ardiendo, carteles de asesinos loados en los ayuntamientos, gente saliendo con cara de estupor de zulos infernales, guardias jóvenes que miraban al fotógrafo sin sospechar que miraban también a toda España... Y ahora que ya nos hemos librado de tanto espanto da pereza encontrar ese tema como parte del placer de la lectura. Pero luego está el boca-oreja. Que si es una novela muy buena. Que si Aramburu ha sabido mostrar la crueldad infinita de una convivencia forzada entre asesinos y víctimas. Que si el lenguaje es certero; ese difícil equilibrio entre la amenidad y la precisión. Yo me resistía. Un amigo me dejó dos libros para tomar el pulso al autor: uno de cuentos - Los peces de la amargura -...