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El último viaje

Un tren de nombre cambiante -el Sevillano, el Catalán- corriendo entre paisajes de una España hoy olvidada.
Un tren mitad gris, mitad verde, como el país que transitaba entonces del gris de las penurias al verde esperanzado.
Alcázar de San Juan, las navajas de Albacete voceadas en los andenes, Despeñaperros, Santa Elena por fin, olivares inacabables, hombres segando...

Asientos de escay, pasillos atestados, sudor, fiambreras, equipajes variopintos: cartón y cuerdas, canastos, damajuanas...
Y una niña morena que llenaba de cruces el calendario ahogándose ante el deseo cumplido. Y su padre a su lado, dormitando, mientras ella se bebía el paisaje con los ojos.
Y el sur, que siempre espera paciente a que sus hijos vuelvan. No importa el tiempo -corto para los hombres, eterno para la tierra-. Siempre espera.
Y llega el último viaje y la niña morena acomoda al padre en su regazo, dormido ya definitivamente, para que el sur lo acoja y lo redima y lo devuelva a la paz que todos merecemos.
El Sevillano, con un nombre mucho menos poético, galopa más que nunca. El sur espera.

Comentarios

  1. Sentidas y emotivas palabras recordando a tu padre al que muchos queríamos muy mucho. Los que creemos que todo no acaba aquí sabemos que él no está en algún sitio, porque sin cuerpo no se puede estar en algún lugar sino que él "es".Fundamentalmente es feliz. Habrá descubierto lo que es la felicidad, la belleza, la paz, el amor.

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  2. Cómo pellizca tu relato, cómo pellizca ese último viaje y cómo pellizca la frase "... el sur, que siempre espera paciente a que sus hijos vuelvan".

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