Ir al contenido principal

Hay alternativas

Comparto la introducción de este libro que da un soplo de esperanza a los que cada día estamos más asustados con el "coco" que nos presentan los políticos y sus secuaces.
En este enlace lo tenéis completo, colgado por los propios autores cuyo objetivo es que el mayor número posible de personas sepa que hay otras maneras de salir de aquí distintas a esta vuelta a la opresión que quiere el gran capital.
Leedlo y difundidlo en vuestras páginas y blogs, en el trabajo, entre vuestros amigos y familiares. ¡Vale la pena!

"Introducción
Semanas antes de que termináramos de escribir este libro el
presidente de la Comisión Europea, José Manuel Durão
Barroso, afirmaba refiriéndose a la situación en la que se
encontraba Grecia: "No hay alternativas ni plan B para Grecia.
La alternativa es la catástrofe".
Siempre dicen lo mismo: sólo se puede hacer lo que digan
quienes están en el poder. Y cuando también insisten tanto en
que la alternativa es el desastre, la catástrofe, como dice Barroso,
¿a quién puede extrañar que la gente normal y corriente, que se
informa leyendo sus diarios o viendo los telediarios en sus
televisores, termine sintiendo miedo y acepte sin rechistar esa
"única" alternativa?
Una única alternativa que siempre viene a ser lo mismo:
recortar salarios (directos, indirectos en forma de gasto social o
diferidos como pensiones). Cuando la economía va bien, diciendo
que es para que no vaya mal y, cuando va mal, para que
vaya bien.
Los autores de este libro, como otros muchos científicos,
sabemos que los argumentos que los políticos y los economistas
neoliberales dan para justificar lo que proponen son falsos.
Sabemos que hay alternativas, que se pueden hacer otras
cosas distintas a las que proponen la patronal, los banqueros,
los directivos de los bancos centrales y los políticos que comparten
con ellos la ideología neoliberal.
Lo sabemos sencillamente porque leemos, porque no recurrimos
sólo a las investigaciones de quienes se dedican a reforzar
el pensamiento dominante sin tener en cuenta los trabajos
científicos que demuestran lo contrario. Por eso sabemos que se
puede crear empleo impulsando la actividad económica y no
frenándola, como quieren hacer los neoliberales. Por eso sabemos
que para hacer frente a la deuda pública es mejor proporcionar
a los países capacidad para generar ingresos propios y no
quitársela porque entonces lo que se producirá será más deuda,
como ha pasado siempre y como va a ocurrir en Europa con las
medidas neoliberales que se están aplicando.
Nosotros sabemos que hay alternativas, es decir, que se pueden
hacer otro tipo de políticas simplemente porque eso es lo
que demuestra la literatura científica, por mucho que se quiera
ocultar por parte de los neoliberales.
Y sabemos también que las medidas que proponemos pueden
ser más exitosas que las que proponen los neoliberales, en
primer lugar porque el éxito de estas últimas es evidente si tenemos
en cuenta la crisis a la que nos ha llevado su aplicación en
los últimos años, o el tremendo nivel de insatisfacción que hay
en España, donde nada menos que el 78 por ciento de la población
no está de acuerdo con las políticas de austeridad; en la
Unión Europea, donde el 68 por ciento de la población no está
satisfecha con la manera como se está construyendo esta institución,
y muestra también desacuerdo con las políticas que se
están llevando a cabo; y en el mundo, donde el 50 por ciento de
los trabajadores gana menos de 2 dólares y no tiene ningún tipo
de contrato ni de protección social, en donde hay 1.100 millones
de hambrientos y casi 2.000 millones en situación de extrema
pobreza.
Y en segundo lugar porque es fácil comprobar que las propuestas
que hacen los neoliberales no responden a verdades
científicas o evidencias empíricas sino a creencias puramente
ideológicas que, en muchas ocasiones, incluso chocan, como
veremos, con el sentido común más elemental.
Si fuera verdad que las medidas neoliberales consiguen realmente
lo que dicen que van a conseguir, se permitiría su discusión
abierta y plural porque sus defensores podrían demostrar
de forma fehaciente que bajar salarios o reducir el gasto social
aumenta el empleo, o que privatizar las pensiones o los servicios
públicos aumenta su cobertura y calidad, como dicen.
Lo que hacen, sin embargo, es imponerlas sin respetar las
preferencias sociales, sin que haya un auténtico debate
democrático sobre ellas. Evitan el debate y las imponen como si
fueran directrices técnicas inapelables porque saben que no es
cierto lo que mantienen, que nada de lo que afirman se puede
demostrar. La realidad muestra sin ningún tipo de dudas que
cuando se han aplicado las medidas que ahora nos están proponiendo
siempre ha bajado la calidad de vida, del trabajo y la
cantidad de empleo existente y que sólo han mejorado los beneficios
de los banqueros y de las grandes empresas.
Y todo esto es lo que hemos querido desvelar con este libro
a nuestros lectores.
Lo escribimos, pues, con el propósito de divulgar la falsedad
en que se basa esa idea tan difundida de que no hay alternativas,
para demostrar que sí las hay y que, además, son más eficaces
para salir de la situación en la que nos encontramos, para
crear empleo decente y estable y para generar bienestar social.
Y, por supuesto, mucho más justas y humanamente satisfactorias.
No hemos pretendido hacer un libro académico, razón por
la que sólo hemos aportado las referencias bibliográficas esenciales
y no nos hemos extendido en los razonamientos y las
demostraciones más complejas, pero los lectores y las lectoras
que estén interesados en profundizar más en los temas que
abordamos aquí no tendrán muchas dificultades para encontrar
multitud de trabajos que confirman nuestras tesis a poco que se
esfuercen por ir más allá del pensamiento ortodoxo que tanto
abunda. Tampoco es, ni pretende serlo, un prontuario de soluciones
o un programa político aunque lo hemos querido concluir
con propuestas concretas para demostrar que no estamos
hablando simplemente de generalidades, sino que hacemos un
análisis del que se derivan opciones políticas que tenemos al
alcance de nuestra mano si la ciudadanía se empeña en que
medidas como las que proponemos se pongan en marcha.
En suma, el libro es el resultado de nuestro deseo de satisfacer
una demanda muchas veces sentida cuando hemos dado en
los últimos tiempos docenas de charlas, seminarios o conferencias
tratando de aclarar lo que estaba pasando y de aportar soluciones,
sobre todo a personas que nos escuchaban sin tener formación
económica alguna. Por eso hemos procurado escribirlo,
incluso cuando se refería a asuntos ásperos y complicados,
con la mayor sencillez y claridad para que los pueda entender
todo el mundo (algo muy despreciado, por cierto, por muchos
economistas neoliberales que parecen creer que hay más rigor
científico cuanto más ininteligible es el lenguaje que se utiliza).
Y finalmente nos satisface reconocer que este libro se escribe
pensando de forma particular en esos miles de personas a
quienes se lo hemos dedicado, a quienes desde el 15M han salido
a la calle reclamando un debate realmente democrático
sobre la crisis y sobre las soluciones más justas que se le pueden
dar. Pero también a quienes, sin haber salido a las calles, sabemos
que ven con simpatía lo que está ocurriendo porque también
comparten el ideal de justicia de "los indignados" y porque
−aunque todavía no hayan ido a ninguna manifestación− saben
que crear más desempleo y pobreza, bajar cada vez más los
sueldos, los salarios y las pensiones, permitir que miles de familias
pierdan sus viviendas, dejar sin financiación y sin clientes a
las pequeñas y medianas empresas o a los trabajadores autónomos,
o destrozar el medio ambiente... no se puede considerar de
ningún modo que sea una verdadera solución de los problemas
económicos. Y que, en consecuencia, saben que es necesario
poner en marcha otras políticas alternativas.
VICENÇ NAVARRO, JUAN TORRES LÓPEZ
y ALBERTO GARZÓN ESPINOSA
Barcelona y Sevilla, julio de 2011"

Comentarios

Entradas populares de este blog

Hoy es San Marcos

Y le ponemos nombre a un santo y, con él, a un pueblo entero.

Y a su amparo pedimos
que haya cosecha,
que salga bien nuestro asunto,
que el achaque de salud pase de largo,
que venga bien un niño,
que ese amor que ahora nace sea por siempre,
que se curen los males de la cabeza y el corazón,
que se entierren las dudas,
que no tengamos noches inciertas,
que nos dure una madre,
que no nos falte un hijo,
que renunciemos a lo imposible,
que sepamos esperar,
que tengamos cordura y si es locura, sea de la buena,
que haya siempre una mano que ayude,
que haya siempre un perdón,
que se cumplan promesas,
que se desaten nudos,
que seamos libres en nuestra casa y esclavos en nuestros afanes,
que riamos con ganas,
que lloremos con tiento,
que nos desesperemos lo justo y necesario,
que la tierra nos bendiga,
que el cielo nos proteja,
que la luz nos ilumine,
que la amistad nos consuele,
que la vida valga la pena... aunque sea por ratitos.

Y entre juergas y cante, comida y tradición, cada cual con su …

El niño de la Tomasa

El niño de la Tomasa nació en Córdoba, la llana; la Sultana, la que reluce al sur de Europa.

Con ese nombre y esa piel verde aceituna, estaba destinado a ser torero -fina cintura quebrando en el albero-, cantaor -quejío profundo en la madrugada- o, quizá, bailaor -gracia y templanza en cada paso-...

El niño de la Tomasa quizá tenía un futuro más anónimo: recoger aceitunas, tener una novia morena como su madre, pasear los puentes tendidos sobre el Guadalquivir hermoso, aspirar el aroma en el patio de los limoneros, llevar a sus hermanos de la mano entre casas encaladas, besar la frente de su abuela sentada al fresco de la noche estival...

Y, sin embargo, vocea desde más allá del Mediterráneo cantos de muerte; recoge de la historia nombres medievales, pueblos y territorios que duermen en los libros para amenazar, dedo en alto, con horrores infinitos.

Clama y reclama por una tierra que fue suya y que dejó atrás en nombre de los dioses que se alimentan de sangre. Tuvo en su mano la fortu…

El nombre que me nombra

Me contaba mi madre que me llamo María por haber nacido en mayo. Mi primer nombre, Ana, es el de mi abuela paterna.
Se llamaba Ana del Carmen pero, cuando yo la conocí, ya era Anica para todos.
Es tarde para saber cómo la llamaba su madre desde la puerta cuando correteaba por las calles de un pueblo empedrado, cómo la llamaban sus amigas, cómo la llamó su novio Nicolás por vez primera...

Yo soy Ana María en todos los documentos oficiales: papeles y papeles que nos clasifican, nos señalan, nos definen, nos certifican como vivos y caminantes por una vida cada vez más controlada.

Fui -y soy- Ana Mari para todos los que me conocieron en la infancia. Ana Mari con trenzas, Ana Mari vivaracha e inquieta, Ana Mari en la boca de los que tanto me quisieron. Cuando me llaman Ana Mari vuelvo a ese tiempo del que nunca nos recuperamos; si es desgraciado, por desgraciado; si es feliz, por feliz.

Cuando llegó la adolescencia y quise que el reloj corriera para entrar en ese soñado mundo de los adult…