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Fin de semana en familia

Estamos en Verdú, provincia de Lleida. Un pequeño pueblo en el cual ya estuvimos el año pasado.

Hemos venido todos, los cinco. La casa es preciosa, calentita, cómoda, con mucho espacio y todo lo que se pueda necesitar.

Estamos relajados, cada uno con sus actividades. Lectura, ordenadores, costura, campo, paseos, juegos... Conversaciones sin tensiones, riñas cariñosas... Hacía tiempo que nos costaba crear un clima así. Un pequeño avance de lo que volveremos a ser dentro de un tiempo, cuando crucemos el procesolo mar de la adolescencia y nos veamos en la otra orilla sin demasiadas cicatrices.

Mientras, como el tiempo no puede ir hacia atrás, miremos hacia adelante. Con el desafío y el orgullo de lo que tenemos y de lo que nos merecemos.

(Imagen: panageos.es)

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Y, en su desesperación, solo halló consuelo en el ripio melancólico.







El contenido no está disponible.
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Las antenas, que mueren de pereza,
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se sellan las salidas y las vías,
se rechazan los últimos abrazos,

se niega que dijiste que morías.
Y hiere el corazón, con un zarpazo;
sentencia de la vil tecnología.