Ir al contenido principal

Harry Belafonte y el calypso

Pasó febrero, entró marzo y parece que no tenido muchas razones para publicar una nueva entrada. No puede ser.
Vamos a ver si lo arreglamos con un poco de música.
Harry Belafonte cumple hoy 85 años. Poca gente lo recuerda pero sus calypsos reverdecieron un poco cuando se estrenó "Bitelchus". A mí éste me gusta especialmente porque lo he bailado por casa con la escoba y la fregona cuando cantar era un acto diario y natural.
La música nos hace compañía en lo bueno y en lo malo. Nos da un subidón o nos permite regodearnos en nuestras miserias (cosa poco recomendable, por otra parte). Unas notas oídas al descuido nos transportan a tiempos perdidos, cercanos o lejanos.
Aquellos que no tenemos ni voz ni oído -como es mi caso- quizá valoramos más la música y lo que puede llegar a transmitir y cantamos con desparpajo y desvergüenza aunque los que nos rodean se queden ojiplaticos.
En una serie televisiva de hace ya algunas décadas, "Enredo", una de las protagonistas -un poco simple y siempre feliz- decía que lo único que le faltaba a su vida era un fondo musical. Sería una buena idea poner música a ciertos momentos. Seguro que tienes un fondo musical para tus recuerdos importantes, ¿a que sí?

Comentarios

  1. Felicidades para Harry y para este estreno de marzo en un blog.
    Pues sí, sí que tengo no uno sino varios fondos musicales en función del tipo de recuerdos (que si de mi infancia, que si de mi adolescencia, que si de cuando el insti, la uni, que si de cuando novios, que si de encuentros con amigos, que si de casados primerirzos, que si de papás también primerizos...) Ya te digo. A la vida no le podemos quitar el fondo musical, sobre todo por lo que se refiere a las emociones que dicho fondo conlleva.
    Besitos.

    ResponderEliminar
  2. Algunos seguro que los compartimos.
    Besos.

    ResponderEliminar
  3. Pues me parece que va a ser que sí.
    Je,je,je.
    Bsts.

    ResponderEliminar
  4. Hola Ana, como puedes ver, me he incorporado a tu blog. Esta música forma parte del fondo musical de mi infancia y adolescencia, cuando la radio estaba encendida muchas horas en mi casa y nos sabíamos las canciones de memoria, aunque desafinàramos y destrozábamos las que eran en inglés.
    Un abrazo.

    ResponderEliminar
  5. Bienvenida, Simona.
    Ahora está un poco paradillo el blog. Me cuesta encontrar el momento y la entrada animosa pero ahí vamos.
    Gracias.

    ResponderEliminar
  6. Muy chulo Harry Belafonte. Sabes que me encanta.
    Te daré un beso cuando nos veamos en casa.
    Hasta luego

    ResponderEliminar

Publicar un comentario

Entradas populares de este blog

En mi casa

Llegará. Lo sabemos pues nos dijeron que es lo único cierto.
Vendrá queda, sin hacer ruido, como llegan las tardes otoñales o los ocasos plácidos. De puntillas, silenciosa. Suave, plácida, señora.
O vendrá tormentosa, con estruendo, haciéndose notar, echando pregones, anunciada, batallada, vencedora. Cruel, impía.

La esperaremos sentados a la puerta, viendo pasar la vida ya un tanto ajena a nosotros; con los caminos recorridos y todas las puntadas dadas.
O descubriremos sorprendidos que llega a deshora, que nos pilla sin arreglar aún; que tenemos un puchero en la lumbre y no hemos cerrado tantos cajones abiertos.

Saludaremos su llegada porque la eternidad es triste cuando se fueron tus amigos de la escuela, el vecino, los tenderos de toda la vida y jóvenes que se te adelantaron sin querer ni deber.
O pediremos más tiempo; no aún, no todavía, no tan pronto, no en este momento.

Habremos preparado su llegada. Hecho encargos. Repartido cartas. Despedido gente.
O marcharemos sin un adiós.…

Hoy es San Marcos

Y le ponemos nombre a un santo y, con él, a un pueblo entero.

Y a su amparo pedimos
que haya cosecha,
que salga bien nuestro asunto,
que el achaque de salud pase de largo,
que venga bien un niño,
que ese amor que ahora nace sea por siempre,
que se curen los males de la cabeza y el corazón,
que se entierren las dudas,
que no tengamos noches inciertas,
que nos dure una madre,
que no nos falte un hijo,
que renunciemos a lo imposible,
que sepamos esperar,
que tengamos cordura y si es locura, sea de la buena,
que haya siempre una mano que ayude,
que haya siempre un perdón,
que se cumplan promesas,
que se desaten nudos,
que seamos libres en nuestra casa y esclavos en nuestros afanes,
que riamos con ganas,
que lloremos con tiento,
que nos desesperemos lo justo y necesario,
que la tierra nos bendiga,
que el cielo nos proteja,
que la luz nos ilumine,
que la amistad nos consuele,
que la vida valga la pena... aunque sea por ratitos.

Y entre juergas y cante, comida y tradición, cada cual con su …

En Cantareros, ocho.

En Cantareros, ocho. Una casa pequeña, encalada. Una reja sobresalida, en el primer piso, por donde salió al mundo mi primer grito. En el zaguán fresco del mes de mayo despide mi padre a la comadrona. Hasta el año que viene, dice Lucía, acostumbrada a visitar a menudo a las familias. Yo me quedo acomodada al lado de mi madre. Aún no sé en qué parte del mundo me ha sido dado nacer. Cómo se llama mi pueblo, los habitantes que tiene, de qué vive su gente. Aún no sé que una sierra lo cobija y que están construyendo un monstruo que contiene las aguas.
Cuando salga a mi calle –corta, llanita, una rareza entre las cuestas empedradas que la rodean- veré un cielo azul y geranios acomodados en aros en las puertas. Veré, quizá, la puerta de la ermita, y a las vecinas que dan la enhorabuena. Se paran a mirarme y mi madre retira la toquilla. Del migajón de la morcilla, dice una, porque soy morenita aceituna. Y llora mi madre cuando llega a casa de la suya porque mi tiempo es aún el de las mujeres b…