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Echar agua en una canasta

Las frases hechas son un patrimonio del lenguaje. Pequeños tesoros que dejamos caer en nuestra conversación para que el buen entendedor los recoja.
Las usamos y hacemos que nuestro discurso se llene de imágenes, de metáforas, de poesía... por muy árido que sea el tema o muy cotidiano el contexto.

La frase que titula esta entrada es una joya.

Aunque nunca se haya oído antes, cuando la decimos, nuestro interlocutor -a menos que sea un lerdo total- puede captar no solo qué queremos decir sino cómo nos sentimos para tener que decirlo.

Sabrá que nuestro empeño nos parece vano, que nuestros esfuerzos nos parecen inútiles. Sabrá que estamos cansados, hastiados, rendidos, hartos, derrotados...

Una joya del lenguaje con un sentido duro, doloroso.
Cerramos los ojos y vemos al hombre -o a la mujer-  cuyo destino es llenar esa canasta. Echar agua y agua y agua aunque sabe que se cuela entre los mimbres y de ella no queda mas que la humedad que podrá pudrirla, pero nunca llenarla.

En fin, un día duro. Sabréis de lo que hablo.

Comentarios

  1. Estado de ánimo gráficamente descrito.Lo que viene a ser, fundamentalmente, predicar en el desierto.
    Unos niños muy listos consiguen escapar de ser devorados por la bruixa Grinyoladents asegurándole que se dormirían tras beber agua del pozo en un colador.
    Pues lo mismo.

    Na de na.
    Besos.

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  2. En el desierto más absoluto.
    Un abrazo.

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