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La noche infinita

El dolor que atenaza de madrugada no es comparable a ninguno.
Nos sentimos solos oyendo los sonidos inquietantes de la noche.
La respiración acompasada de los que duermen nos desasosiega. Quisiéramos estar con ellos en ese mundo reparador del sueño. En el olvido.

El reloj, que hace tiempo dejó de hacer tic-tac, recupera su sonido machacón. Nos previene de la llegada del amanecer y se convierte en una amenaza. Avanzan las horas y el dolor es lo único que sentimos nuestro.

La noche se ha hecho para el sueño, para el baile, para el amor, para la amistad... La noche se ha hecho para el llanto, para el remordimiento, para la reflexión... La noche se ha hecho para la melancolía, para la ternura... En la noche se arropa a nuestros hijos y se besa a nuestro amante. En la noche se enciende una luz que ilumina el problema diurno. En la noche se espera y se desespera.

Pero el rey de la noche es el dolor. Cuando él está marca los tiempos, es la medida. El jefe. Nos vuelve niños. El sueño se nos niega y los temores infundados se meten con nosotros bajo las sábanas.

A la luz del día todo es más llevadero.La vida desperezada da una tregua y sentimos que tenemos una nueva oportunidad para incorporarnos a ella.

Ahora se acerca la noche de nuevo. La temo y la espero para sumergirme en el sueño que todo lo borra.

(Imagen: blog.saluspot.com)

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