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En los días más largos y tristes del invierno...







En los días más largos y tristes del invierno,
cuando la primavera era solo una palabra,
dibujaba tu perfil en el cristal de la ventana.

Una subida, una bajada, un largo llano, una abrupta caída
y, siempre, allá en lo alto, un sol de largos rayos.

Afuera llueve y hace frío pero el cristal reluce
y mi dedo infantil es un pincel de sueños;
la imagen empañada eres tú misma,
no hay tiempo ni distancia.

Soy poderosa y te traigo a esta casa tan fría,
a esta tierra tan otra,
a esta vida tan tibia.
Soy poderosa y, en cerrando los ojos,
la piel se hace verano
y tú, tan maternal, tan mía,
me soplas al oído promesas de alegría.

La batalla del tiempo la acabaré perdiendo.
Y cerraré mi vida quizá una primavera,
quizá un lluvioso otoño.
Evocaré personas y momentos de dicha.
Evocaré tu sombra.
Y moveré en silencio los dedos en mi pecho:
una subida, una bajada, un largo llano, una abrupta caída
y, siempre, allá en lo alto, un sol de largos rayos.

Imagen: fotografía familiar. Diciembre de 2015.

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