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Como agua de mayo

Como agua de mayo llamamos a aquello que nos llega cuando más lo necesitamos, a lo oportuno, a lo que nos hacía falta, a lo que nos bendice.

Sin embargo, este agua de mayo tan mansa y persistente; este agua de mayo que lleva días instalada entre nosotros me ha traído una melancolía infinita.

Ese cielo tan cercano y plomizo que descubro al descorrer la cortina por la mañana es un cielo que me encoge el corazón sin tener motivo ni razón.

Quizá es el cansancio del invierno, quizá el haber tenido la miel en los labios con unos días soleados, brillantes, luminosos que lo prometían todo.

Tal vez sea que, a medida que pasan los años, salir de un invierno se nos hace algo más apremiante. Creemos que con las tardes de sol, con las siestas indolentes, con las noches estrelladas recuperaremos infancias y juventudes cada vez ¡ay! un poquito más lejanas.

Por eso este agua de mayo que los hombres del campo tanto agradecen a mí me está costando tristeza, añoranza, melancolía, nostalgia. Un pellizco en el corazón imposible de entender. Una desazón imposible de explicar.

Refugiada bajo el paraguas, caminando en una calle espejada. Desde la terraza, oyendo el rumor urbano de las ruedas mojadas. Tras un cristal frío y empañado. Veo llover y añoro la luz que llena el alma.

Y si no hay sol... susurro, bajito, 'sol, solet, vine'm a veure...' porque, al fin y al cabo, es en la infancia donde nos refugiamos cuando todo lo demás falla.

Sol, solet...

Imágenes: fotografías personales. Desde mi terraza. 9 de mayo.

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