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Hoy voy a hablar de Julieta

Julieta tiene los ojos del color de la curiosidad.
Su mirada es mitad asombro y mitad ternura.

Se ha hecho la dueña de la casa y, como nos temíamos, de nuestros corazones.

Explora incansable los rincones y rinconcitos. Salta, brinca e, inesperadamente, cae en un trance de sueño repentino como el bebé que es.

Acecha imaginarios enemigos tras los muebles y los sorprende y, ufana, se dirige hacia otro objetivo más inalcanzable.

Es limpia y relamida. Se acicala al sol y se limpia concienzudamente los bigotes. Oculta pudorosa todo aquello que debe ser ocultado con el esmero de un ama de casa de las antiguas.

Tantea los lugares en los que quiere echar una cabezadita y escoge, preferiblemente, aquellos en los que el calorcito humano le dice que va a estar protegida.

No le gusta que le impongan encierros. Ella es libre e independiente. Maúlla desesperadamente para hacerse oír y no consiente más imposición que la que llega desde el cariño. Nos compromete lanzándonos pequeños avances provocadores o miradas difíciles de ignorar. Agradece con ronroneos atávicos la caricia de nuestra mano y de nuestra voz.

Creíamos que Julieta era nuestra. Ahora sabemos, y ella también lo sabe, que somos suyos.

Imagen: fotografía hecha por Inés. 20 de mayo.

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