Ir al contenido principal

Escribo para mi gato VIII. Mi último viaje

Son ya nueve los años en que recorro este camino de ida y vuelta.

El aire ardiente de África me llama cuando el otoño se vuelve inclemente.
Pero, con cada primavera, siento la voz de la tierra en la que abrí los ojos.
Grita mi nombre y el de mis compañeras. Su reclamo es más fuerte que el cansancio y la pereza. Más fuerte que el acomodo y la rutina. Va más allá de mi propia vida: está enlazado en las vidas infinitas que me preceden y es herencia eterna que me sobrevive.

Desde las alturas veo los campos y el mar. Veo a los hombres, con sus afanes. Veo los paisajes amables y los hostiles.
Cruzo el Estrecho y la luz del Mediterráneo me golpea en el pecho. No entiendo de kilómetros pero el peso que llevo en las alas me dice que son muchos los que he dejado atrás.

Ahora ya siento que estoy llegando al final. Tras esos campos repeinados en verde aparecen los tejados conocidos de mi pueblo. Hago un último alto en la sierra y escojo de un vistazo certero donde va a estar mi casa.
Quizá este año cerca del campanario que, en esta luz vespertina, brilla espejado y airoso.
Quizá en una azotea cercana a la escuela para que el bullicio de los niños se confunda con mi trisar.
Quizá en el alero de la casa más humilde, de la más encalada, cerca de la ventana que rompe en geranios y azucenas...
Quizá haya un poeta escondido entre sus calles que sepa unir palabras que canten mi belleza y la belleza de un viaje eterno que este año muere en mí y que renacerá, por siempre, en quien siga mi estela: camino de África primero y volviendo al hogar -de donde ya nunca he de partir- la próxima primavera.

Imágenes: Fotografías de José Torralvo: Golondrina en su casa y El pueblo desde Medina Belda.
Colgadas en Facebook el 11 de junio de 2016.

Comentarios

Entradas populares de este blog

La Nochebuena se viene, la Nochebuena se va...

" Dime, Niño, de quién eres   todo vestido de blanco.  Soy de la Virgen María  y del Espíritu Santo.  Resuenen con alegría  los cánticos de mi tierra  y viva el Niño de Dios  que ha nacido en Nochebuena.  La Nochebuena se viene, la Nochebuena se va.  Y nosotros nos iremos,  y no volveremos más.  Dime Niño de quién eres y si te llamas Jesús.  Soy de amor en el pesebre  y sufrimiento en la Cruz.  Resuenen con alegría los cánticos de mi tierra  y viva el Niño de Dios  que ha nacido en Nochebuena". Poníamos boca abajo el cajón en el que nos había llegado la matanza del pueblo y lo arrimábamos a la pared. Colocábamos con chinchetas en la pared un papel azul oscuro con estrellas, una de ellas con cola brillante. Echábamos viruta marrón, viruta verde... Poníamos un río y un laguito con papel de plata. En un esquina, el pesebre con la mula, el buey, San José, la Virgen y el Niño. En ...

Mi tito. Biografía de lo cotidiano VII

Mi tito fue soltero toda su vida. No se le conocieron más amores que su familia y la tierra. Trabajó para su padre y nunca dejó la casa familiar. Era del Barça sin que sepamos por qué. Y del equipo del pueblo, al que acompañaba a todos los partidos, fuera local o visitante. Mi tito no fue más allá de Barcelona, pero tenía todo el horizonte de un mar de olivos en sus ojos. Pasó una grave enfermedad con dieciocho años. Se salvó por los cuidados de su madre y el tratamiento del doctor Zurita. Era discreto, tímido y pausado. Solo lo alteraron en vida quienes sabían cómo malmeter. Mi tito era feliz en la Camorra, con sus abuelos y sus tíos, a los que llamaba por su nombre de pila. Empezó a arar cuando apenas llegaba a las manceras. Cuidaba a su yunta y al campo como se cuida a quien te da la vida. Adoraba a su madre y para ella era el favorito. Fui su ilusión y, después, mis niños. Todo era poco para ellos. Me llevaba al río y a las albercas cuando el rigor del verano era más duro. Descansa...

Los hijos

Sus penas son las nuestras y sus alegrías, también. Desde el primer día en el que sabemos que están en camino hasta el último de nuestras vidas. Queremos que crezcan y que vuelen y queremos que sean siempre nuestros niños; queremos que se acuerden de nosotros y queremos que no miren atrás; queremos que tengan en su memoria los buenos momentos y queremos que olviden cuando no supimos estar a la altura. Queremos que crean que fuimos los mejores que les pudieron tocar, que perdonen nuestros errores y nuestras flaquezas. Queremos que el recuerdo de su infancia ilumine siempre el camino que tienen delante. No es el día de los hijos, ni de los padres, ni de la familia. Es un día cualquiera en el que poner por escrito que son la luz de nuestros ojos y el motivo de levantarnos cada mañana. Fotografía: mis niños.