Ir al contenido principal

El niño de la Tomasa

El niño de la Tomasa nació en Córdoba, la llana; la Sultana, la que reluce al sur de Europa.

Con ese nombre y esa piel verde aceituna, estaba destinado a ser torero -fina cintura quebrando en el albero-, cantaor -quejío profundo en la madrugada- o, quizá, bailaor -gracia y templanza en cada paso-...

El niño de la Tomasa quizá tenía un futuro más anónimo: recoger aceitunas, tener una novia morena como su madre, pasear los puentes tendidos sobre el Guadalquivir hermoso, aspirar el aroma en el patio de los limoneros, llevar a sus hermanos de la mano entre casas encaladas, besar la frente de su abuela sentada al fresco de la noche estival...

Y, sin embargo, vocea desde más allá del Mediterráneo cantos de muerte; recoge de la historia nombres medievales, pueblos y territorios que duermen en los libros para amenazar, dedo en alto, con horrores infinitos.

Clama y reclama por una tierra que fue suya y que dejó atrás en nombre de los dioses que se alimentan de sangre. Tuvo en su mano la fortuna de vivir en la gloria que ahora demanda con la cara de niño y los ojos de orate. Sueña con lo que tuvo. Hiere con lo que quiere.

El niño de la Tomasa cambió el paraíso por el infierno. Cambió la vida por la muerte. Cambió el aire por el vacío. Cambió la risa por el silencio.

Nunca volverá a Córdoba, la llana. Y, por todo lo que ha perdido habiendo sido suyo, nos conmueve el niño de la Tomasa.

Comentarios

Entradas populares de este blog

La Nochebuena se viene, la Nochebuena se va...

" Dime, Niño, de quién eres   todo vestido de blanco.  Soy de la Virgen María  y del Espíritu Santo.  Resuenen con alegría  los cánticos de mi tierra  y viva el Niño de Dios  que ha nacido en Nochebuena.  La Nochebuena se viene, la Nochebuena se va.  Y nosotros nos iremos,  y no volveremos más.  Dime Niño de quién eres y si te llamas Jesús.  Soy de amor en el pesebre  y sufrimiento en la Cruz.  Resuenen con alegría los cánticos de mi tierra  y viva el Niño de Dios  que ha nacido en Nochebuena". Poníamos boca abajo el cajón en el que nos había llegado la matanza del pueblo y lo arrimábamos a la pared. Colocábamos con chinchetas en la pared un papel azul oscuro con estrellas, una de ellas con cola brillante. Echábamos viruta marrón, viruta verde... Poníamos un río y un laguito con papel de plata. En un esquina, el pesebre con la mula, el buey, San José, la Virgen y el Niño. En ...

Mi tito. Biografía de lo cotidiano VII

Mi tito fue soltero toda su vida. No se le conocieron más amores que su familia y la tierra. Trabajó para su padre y nunca dejó la casa familiar. Era del Barça sin que sepamos por qué. Y del equipo del pueblo, al que acompañaba a todos los partidos, fuera local o visitante. Mi tito no fue más allá de Barcelona, pero tenía todo el horizonte de un mar de olivos en sus ojos. Pasó una grave enfermedad con dieciocho años. Se salvó por los cuidados de su madre y el tratamiento del doctor Zurita. Era discreto, tímido y pausado. Solo lo alteraron en vida quienes sabían cómo malmeter. Mi tito era feliz en la Camorra, con sus abuelos y sus tíos, a los que llamaba por su nombre de pila. Empezó a arar cuando apenas llegaba a las manceras. Cuidaba a su yunta y al campo como se cuida a quien te da la vida. Adoraba a su madre y para ella era el favorito. Fui su ilusión y, después, mis niños. Todo era poco para ellos. Me llevaba al río y a las albercas cuando el rigor del verano era más duro. Descansa...

Lola

  Hace dos días que murió Lola. El 31 de agosto: una fecha de cierre de ciclo para la maestra que ella era; la víspera de un nuevo comienzo, de un acomodo a la rutina, del reinicio de una rueda que parece eterna, pero que un día se detiene. Pareció escoger ese día mágico en el que, a lo largo de tantos años, se reinventaba de nuevo para esos niños a los que dedicó su esfuerzo y su cariño. Hoy hemos despedido su cuerpo y nos hemos quedado para siempre su alma. Cada vez que la recordemos, la traeremos a la vida; por eso empiezo hoy mismo, sin más tardanza: Lola era andaluza y ejercía de ello. Era maestra vocacional. Le gustaba leer y hablar de libros. La lectura la engrandecía. Colocó a su madre en el centro de su vida y luego, hasta el último aliento, a sus hijos. Padecía por el rumbo que estaban tomando las cosas y anhelaba cambios que nunca llegó a ver. A Lola le gustaba viajar y le gustaba volver a su pueblo y pasear sus calles. Hacía ganchillo y disfrutaba con ello. ...