Ir al contenido principal

Crónica de la excepción. Día 69

Ayer vi unas cuántas calles de Barcelona, desde el coche, mientras salía a hacer una gestión ineludible.

Está todo en su sitio. El cielo es ya rabiosamente azul y el aire de una tibieza maravillosa.

No hay atascos en ninguna vía y se circula como en una pequeña ciudad hecha a medida de sus habitantes.

El miedo no se ve, ni siquiera se intuye, a pesar de las mascarillas y de los guantes y de señales en el suelo que te instan a esperar a sus dos prudentes metros.

Volví algo reconfortada por el aire de normalidad que se respiraba en la calle y, al mismo tiempo, sobrecogida pensando en cómo vamos a defendernos de un enemigo tan solapado y tan invisible que no ha dejado cicatrices que nos recuerden que debemos estar alerta y prevenidos.

Que el optimismo no nos haga imprudentes y que el pesimismo no nos haga infelices.

Fotografía: una calle de Barcelona, desde el coche. Ayer, a las 11:48.

Comentarios

Entradas populares de este blog

La Nochebuena se viene, la Nochebuena se va...

" Dime, Niño, de quién eres   todo vestido de blanco.  Soy de la Virgen María  y del Espíritu Santo.  Resuenen con alegría  los cánticos de mi tierra  y viva el Niño de Dios  que ha nacido en Nochebuena.  La Nochebuena se viene, la Nochebuena se va.  Y nosotros nos iremos,  y no volveremos más.  Dime Niño de quién eres y si te llamas Jesús.  Soy de amor en el pesebre  y sufrimiento en la Cruz.  Resuenen con alegría los cánticos de mi tierra  y viva el Niño de Dios  que ha nacido en Nochebuena". Poníamos boca abajo el cajón en el que nos había llegado la matanza del pueblo y lo arrimábamos a la pared. Colocábamos con chinchetas en la pared un papel azul oscuro con estrellas, una de ellas con cola brillante. Echábamos viruta marrón, viruta verde... Poníamos un río y un laguito con papel de plata. En un esquina, el pesebre con la mula, el buey, San José, la Virgen y el Niño. En ...

Volver sin poder volver

Y te haces los kilómetros sabiendo que vuelves sin volver. Porque no se puede volver al abrazo de una abuela, a un cine de verano, a los bancos del paseo donde se cruzan las primeras miradas de deseo, a bañarte en una alberca, a oír los campanillos de los mulos. No se puede volver a las calles empedradas, a las noches en el zaguán, a que manos queridas te monden las pipas, a retreparte en una silla de enea, a la feria con amigas, a la tienda de Silvestre. No se puede volver a llenar un cántaro, a guardar sitio en las pilas, a sentarse en un tranquillo a ver pasar la vida, a que te pregunten de quién eres. No se puede volver a esperar la alsina de Málaga, a ver los carteles del cine de Pavón, a comprar magnesia en un cartuchito, a subir a la carretera a ver cómo anochece. No se puede volver a la Galaxy, a comer pimientos en los Vaqueros, a encargar un jersey en las Arjonas, a aguantar las miradas subiendo frente al Estrecho. No se puede volver a escuchar los chascarrillos de tu abuelo, ...

Años que no se cumplieron

Hoy hubiera cumplido mi madre los 91. Qué hubiéramos hablado y vivido en todos estos años en que falta, nadie lo sabe. Yo me descubro a veces, en madrugadas insomnes, manteniendo conversaciones que nunca se produjeron, dando y recibiendo razones que nunca se dieron, compartiendo momentos que nunca llegaron...  En momentos luminosos, los menos,  creo que me ve y me protege y que espera paciente nuestro reencuentro. En el resto, los más, me desespera saber que no hay vuelta atrás y que lo que no se dijo ni se hizo no hay manera de enmendarlo y que lo que se vivió no vuelve jamás. La traigo a la vida cada vez que la nombro y por eso -bendita excusa su cumpleaños-, felicidades, mamá. Imagen: mi madre, Aurora de Gonzalo, con su eterna sonrisa.