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Mi nombre

Ana María para el papeleo, la administración, Hacienda, la lista del censo, las citas médicas, la partida de nacimiento, la fe de bautismo, los desconocidos, el buzón, las cartas oficiales, los títulos...

Ana Mari para los que más me quisieron y ya no pueden llamarme, para mis amigos del pueblo, para sentir los recuerdos, para hablarme interiormente...

Ana para casi todo mi mundo de hoy, para mis alumnos, para quienes me conocieron de los catorce en adelante, para presentarme a la gente, para firmar lo que escribo y lo que creo, para girarme cuando oigo ese nombre, para que me llamen los más cercanos...

Fui Ani a veces para una tita querida, Anamarisilla para mi madre cuando perdía la paciencia conmigo, Anita o Aniuska o Anamore para alguna amistad cariñosa y creativa...

Me gusta porque lo heredé de mi abuela paterna, porque es nombre de reina, porque todo el mundo sabe pronunciarlo, porque no dudan al escribirlo, porque es mi misma esencia y porque, a pesar de haberlo usado tantos años, suena tan limpio y tan sencillo como cuando me lo pusieron.

Fotografía: Ana Mari, hace ya unos cuántos años.
 

 

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