Ir al contenido principal

Si yo tuviera una escoba...

Las mezquindades cotidianas. Esos pequeños arañazos en el corazón que lo dejan mortalmente herido.

Las traiciones cercanas; las de los que nos importan.

El orgullo, que ensancha las brechas y quema las naves del acercamiento.

Las humillaciones públicas o privadas que menoscaban nuestro amor propio y nos empequeñecen.

Las decepciones que, poco a poco, nos instalan en el cinismo y la tristeza.

La ansiedad ante el futuro y el dolor por el pasado.

La culpabilidad, un sentimiento estéril y paralizante, que nos hace cobardes.

La tristeza por quien no lo merece. Porque no nos deja levantar el corazón.

Las preocupaciones que tienen remedio. Las preocupaciones que no lo tienen.

El esfuerzo por causas perdidas que nos agota y nos desangra.

Los perdones no pedidos.

La rigidez de pensamiento y el desprecio al diferente.

Las esperanzas sin fundamento que te devuelven a los pozos oscuros.

La desolación de la enfermedad y de la muerte. Los terribles trances que en la vida acechan.

Las injusticias contra las personas, contra los animales, contra las ideas, contra los pueblos.

Los tristes, los ingratos, los duros de corazón, los que pisan a los débiles, los que se arrastran ante los fuertes, los mentirosos, los dañinos, los difamadores, los crueles, los tóxicos, los difíciles, los que no se conmueven, los corruptos...

Si yo tuviera una escoba...

Imagen: cazamitos.com

Comentarios

  1. ...cuántas cosas limpiarías y cambiarías ¿no?

    ResponderEliminar
  2. Y después de pasar el mocho miraremos a los mezquinos por encima del hombro, porque ellos son pequeños; apartaremos a un lado a los traidores porque ya lo decía Calderón “El traidor no es menester siendo la traición pasada”; nos sentiremos orgullosos de nuestras pequeñas o grandes tareas bien hechas; pondremos a nuestro lado personas alegres con las que viviremos lo bueno del presente; buscaremos soluciones a los problemas con la esperanza de que mejoren y seguiremos indignándonos ante las injusticias.
    Montse

    ResponderEliminar
  3. Sí. Eso. Limpieza general y tirar hacia adelante.

    ResponderEliminar

Publicar un comentario

Entradas populares de este blog

Hoy es San Marcos

Y le ponemos nombre a un santo y, con él, a un pueblo entero.

Y a su amparo pedimos
que haya cosecha,
que salga bien nuestro asunto,
que el achaque de salud pase de largo,
que venga bien un niño,
que ese amor que ahora nace sea por siempre,
que se curen los males de la cabeza y el corazón,
que se entierren las dudas,
que no tengamos noches inciertas,
que nos dure una madre,
que no nos falte un hijo,
que renunciemos a lo imposible,
que sepamos esperar,
que tengamos cordura y si es locura, sea de la buena,
que haya siempre una mano que ayude,
que haya siempre un perdón,
que se cumplan promesas,
que se desaten nudos,
que seamos libres en nuestra casa y esclavos en nuestros afanes,
que riamos con ganas,
que lloremos con tiento,
que nos desesperemos lo justo y necesario,
que la tierra nos bendiga,
que el cielo nos proteja,
que la luz nos ilumine,
que la amistad nos consuele,
que la vida valga la pena... aunque sea por ratitos.

Y entre juergas y cante, comida y tradición, cada cual con su …

El niño de la Tomasa

El niño de la Tomasa nació en Córdoba, la llana; la Sultana, la que reluce al sur de Europa.

Con ese nombre y esa piel verde aceituna, estaba destinado a ser torero -fina cintura quebrando en el albero-, cantaor -quejío profundo en la madrugada- o, quizá, bailaor -gracia y templanza en cada paso-...

El niño de la Tomasa quizá tenía un futuro más anónimo: recoger aceitunas, tener una novia morena como su madre, pasear los puentes tendidos sobre el Guadalquivir hermoso, aspirar el aroma en el patio de los limoneros, llevar a sus hermanos de la mano entre casas encaladas, besar la frente de su abuela sentada al fresco de la noche estival...

Y, sin embargo, vocea desde más allá del Mediterráneo cantos de muerte; recoge de la historia nombres medievales, pueblos y territorios que duermen en los libros para amenazar, dedo en alto, con horrores infinitos.

Clama y reclama por una tierra que fue suya y que dejó atrás en nombre de los dioses que se alimentan de sangre. Tuvo en su mano la fortu…

El nombre que me nombra

Me contaba mi madre que me llamo María por haber nacido en mayo. Mi primer nombre, Ana, es el de mi abuela paterna.
Se llamaba Ana del Carmen pero, cuando yo la conocí, ya era Anica para todos.
Es tarde para saber cómo la llamaba su madre desde la puerta cuando correteaba por las calles de un pueblo empedrado, cómo la llamaban sus amigas, cómo la llamó su novio Nicolás por vez primera...

Yo soy Ana María en todos los documentos oficiales: papeles y papeles que nos clasifican, nos señalan, nos definen, nos certifican como vivos y caminantes por una vida cada vez más controlada.

Fui -y soy- Ana Mari para todos los que me conocieron en la infancia. Ana Mari con trenzas, Ana Mari vivaracha e inquieta, Ana Mari en la boca de los que tanto me quisieron. Cuando me llaman Ana Mari vuelvo a ese tiempo del que nunca nos recuperamos; si es desgraciado, por desgraciado; si es feliz, por feliz.

Cuando llegó la adolescencia y quise que el reloj corriera para entrar en ese soñado mundo de los adult…