Ir al contenido principal

Entradas

El niño de la Tomasa

El niño de la Tomasa nació en Córdoba, la llana; la Sultana, la que reluce al sur de Europa. Con ese nombre y esa piel verde aceituna, estaba destinado a ser torero -fina cintura quebrando en el albero-, cantaor -quejío profundo en la madrugada- o, quizá, bailaor -gracia y templanza en cada paso-... El niño de la Tomasa quizá tenía un futuro más anónimo: recoger aceitunas, tener una novia morena como su madre, pasear los puentes tendidos sobre el Guadalquivir hermoso, aspirar el aroma en el patio de los limoneros, llevar a sus hermanos de la mano entre casas encaladas, besar la frente de su abuela sentada al fresco de la noche estival... Y, sin embargo, vocea desde más allá del Mediterráneo cantos de muerte; recoge de la historia nombres medievales, pueblos y territorios que duermen en los libros para amenazar, dedo en alto, con horrores infinitos. Clama y reclama por una tierra que fue suya y que dejó atrás en nombre de los dioses que se alimentan de sangre. Tuvo en su mano ...

El nombre que me nombra

Me contaba mi madre que me llamo María por haber nacido en mayo. Mi primer nombre, Ana, es el de mi abuela paterna. Se llamaba Ana del Carmen pero, cuando yo la conocí, ya era Anica para todos. Es tarde para saber cómo la llamaba su madre desde la puerta cuando correteaba por las calles de un pueblo empedrado, cómo la llamaban sus amigas, cómo la llamó su novio Nicolás por vez primera... Yo soy Ana María en todos los documentos oficiales: papeles y papeles que nos clasifican, nos señalan, nos definen, nos certifican como vivos y caminantes por una vida cada vez más controlada. Fui -y soy- Ana Mari para todos los que me conocieron en la infancia. Ana Mari con trenzas, Ana Mari vivaracha e inquieta, Ana Mari en la boca de los que tanto me quisieron. Cuando me llaman Ana Mari vuelvo a ese tiempo del que nunca nos recuperamos; si es desgraciado, por desgraciado; si es feliz, por feliz. Cuando llegó la adolescencia y quise que el reloj corriera para entrar en ese soñado mundo de l...

Si te vas a ir

Si te vas a ir por largo tiempo, tendrías que avisarme. Debo prepararme para el adiós; hacerte algún encargo por si en tu mano está cumplirlo cuando llegues allí donde tú vas; darte una nueva foto para que cambies la que llevas en la cartera, donde ya no me reconozco. Debo contarte alguna anécdota que quizá hayas olvidado y tú deberías dejarme en depósito todas aquellas que tienes de mí y que se extraviaron en mi memoria. Debo enseñarte lo que escribo; que veas que pongo en un papel las mañanas en la era, las siestas en el zaguán, las tardes en la alberca, las noches en el cine de verano. Debo decirte que te quiero y que guardo tus prospectos de Pavón como se guarda lo que no tiene precio. Debo decirte que te quiero porque no te lo he dicho desde hace demasiado. Si es que te vas a ir, tendrías que avisarme. Debo enseñarte por enésima vez a usar el móvil y escucharte decir, por enésima vez, lo malo que estás. Debo explicarte cómo están los niños y de...

Lo que el tiempo se llevó

No es el viento; es el tiempo quien se lleva las cosas. Las infancias felices, las brazos que nos mecen, la alegría infinita de una tarde de juegos. Los besos espontáneos, las risas sin motivo. Disfrutar con los charcos, hacer un nuevo amigo, esperar los domingos las visitas sorpresa. Cantar aunque no sepas, bailar en las aceras. Coleccionar postales, descubrir un tesoro, preferir barandillas a bajar escalones. Dormir sin sobresaltos, despertar sin angustia. Los abuelos, los cuentos, el creerse inmortales. El placer sin pecado, los errores sin culpa. No es el viento; es el tiempo quien se lleva las cosas. Imagen: fotografía familiar. Años 60.

Me llaman

Me llaman y me dicen si estoy bien. Si como. Si duermo. Si me he dado cuenta de que es mayo. Si he vuelto a sonreír. Si me asomo a la terraza y echo fotos al crepúsculo. Si cuento los días que faltan para el verano. Me llaman y preguntan cómo lo llevo. Si paseo. Si bromeo con mis amigos. Si ya no lloro cada día. Si me he comprado ropa nueva. Y yo les digo... Que me levanto y voy al trabajo. Que doy clase. Que saludo a los vecinos que suben conmigo en el ascensor. Que veo la tele. Hablo con la dependienta de la panadería. Camino y taconeo por las aceras de mi ciudad. Cojo el autobús muy tempranito. Miro fotografías. Leo dos libros a la vez. Acaricio a Julieta. Doy y recibo besos. Meriendo y desayuno. Como y ceno. Escribo y borro y vuelvo a escribir. Corrijo los trabajos que me presentan. Abro el buzón. Rebusco en el bolso las llaves que siempre se esconden. Quito la mesa. Tiendo la ropa. Voy al dentista. Me miro en el espejo. Me pinto las pestañ...

Hoy es San Marcos

Y le ponemos nombre a un santo y, con él, a un pueblo entero. Y a su amparo pedimos que haya cosecha, que salga bien nuestro asunto, que el achaque de salud pase de largo, que venga bien un niño, que ese amor que ahora nace sea por siempre, que se curen los males de la cabeza y el corazón, que se entierren las dudas, que no tengamos noches inciertas, que nos dure una madre, que no nos falte un hijo, que renunciemos a lo imposible, que sepamos esperar, que tengamos cordura y si es locura, sea de la buena, que haya siempre una mano que ayude, que haya siempre un perdón, que se cumplan promesas, que se desaten nudos, que seamos libres en nuestra casa y esclavos en nuestros afanes, que riamos con ganas, que lloremos con tiento, que nos desesperemos lo justo y necesario, que la tierra nos bendiga, que el cielo nos proteja, que la luz nos ilumine, que la amistad nos consuele, que la vida valga la pena... aunque sea por ratitos. Y entre juergas y cante, comi...

Sobran sillas

El publicista se despierta con una idea brillante en la cabeza. Y aquella mañana la presenta a los jefes y estos, entusiasmados, al cliente. El cliente se siente fascinado por el eslogan, por la puesta en escena. Por fin desbancarán al vuelve a casa, vuelve.  Pasarán a engrosar el grupo de las frases míticas: las muñecas de Famosa se dirigen al portal;   el lobo, qué buen turrón;   busco a Jacks;   hola, soy Edu, feliz Navidad;   el turrón más caro del mundo ... Lo planifican, lo ruedan, lo emiten. Sobremesas, tarde, noche. Un hueco en cada casa, en cada cabeza. Faltan sillas, faltan sillas. Abrazos, sonrisas, la felicidad plena. ¿Te llega el mensaje? Toca ser feliz y ese supermercado nos muestra cómo serlo. Sin resquicios, sin grietas. Ahora toca ser feliz. Faltan sillas. El cliente se va contento a la cama: su marca ha dado en el clavo. Los jefes se van contentos a la cama: su empresa ha dado en el clavo. El publicista se va contento a la cama...