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Crónica de la excepción. Día 33

Hace unos días fabulamos con cómo sería nuestra salida a la calle, una vez acabado este confinamiento que aún no tiene fecha final. Si saldríamos en tropel, con los consiguientes batacazos; pausados; a galope; deslumbrados; a carrera abierta... En fin, un poquito de imaginación ante una situación en la cual nunca antes nos habíamos visto. Pero eso era el decorado, el cómo nos veríamos los unos a los otros, las escenas en que seríamos protagonistas o secundarios o figurantes. Fabulemos hoy de nuevo. Esta vez con nuestros estados de ánimo. ¿Cuál será ese estado emocional que definirá el momento final —o inicial— de esta asombrosa situación vivida? Sabiendo que vamos arriba y abajo en esta nuestra montaña rusa particular de estados de ánimo, tenemos conocimiento suficiente para entender que cualesquiera serán posibles, en solitario, contiguos o solapados. Propuestas (por orden de aparición histórica, por decir algo): Opción 1. Horrorizados, espantados, transformados en algo...

Crónica de la excepción. Día 32

Después de dos días de ausencia —vértigo literal, no solo metafórico— me asomo de nuevo por aquí, aunque para contar poco. Que abril está muy abrileño, si hablamos del clima. No puede haber una mañana más mustia y más gris y más lluviosa que la de hoy, lunes de Pascua. Desde la esquina de mi sofá, ese es el panorama. Y el único sonido, de vez en cuando, el de las ruedas de un coche sobre el mojado asfalto. El sábado hizo un año que murió mi padre. Ya tendría 93 años. Se ha ahorrado ver, al fin de su vida, esta tragedia a la que asistimos en estado de estupor.  ¿Qué entendería él de esta guerra sin bombas cuando ya  había días en los que su lucidez se escapaba por los resquicios de la edad? Mejor no haber tenido que explicárselo, como nos lo tenemos que explicar a nosotros mismos, una y otra y otra vez. Dejemos de darnos explicaciones y recuperemos estados de ánimo que nos ayuden, pequeños secretos que nos hagan sonreír, momentos que solo nosotros recorde...

Crónica de la excepción. Día 29

Hace ya algunos años —cuando la gente llamaba practicantes a los ATS, luego enfermeros—,  había siempre quien tenía una pequeña consulta, a veces en su casa, para poner inyecciones a quienes lo necesitaran. Era esta una necesidad básica porque los médicos, no hace mucho, eran partidarios irredentos de los pinchazos ; de tal manera que, si había que elegir entre jarabes o pinchazos , elegían pinchazos; si había que elegir entre pastillas o pinchazos , elegían pinchazos; si había que elegir entre supositorios y pinchazos ... bueno, ahí ya dudaban, que el tema de la afición a recetar supositorios daría para otra publicación. A lo que iba, que había mucha gente que necesitaba seguir un tratamiento con inyectables, fuese martes, sábado o fiesta de guardar.  Y ahí estaban los voluntariosos practicantes —no todos con título, que los había diletantes del pinchazo , como los hay del ciclismo— a los que recurrir en domingos y festivos. Que pierdo el hilo: esto v...

Crónica de la excepción. Día 28

Me dice un amigo que echo unos sermones muy largos por aquí. Así que, en su honor, el de hoy va a ser cortito. Me ha tocado salir —casi dos horas en total, entre pitos y flautas; es decir, entre compra, veterinaria y farmacia— y el paseo ha sido desolador. Porque Hospitalet debería estar así un domingo a primera hora; un Jueves Santo como hoy, con la gente huyendo hacia el Mediterráneo; un mes de agosto a las cuatro de la tarde...  Qué sé yo, en cualquier otro momento, menos hoy, cuando sabemos que tras ventanas y balcones está la vida que no vemos. Bueno, tras ventanas y balcones... y en la cola del Mercadona.  Yo la última (durante cinco segundos), ya en la esquina de la Ronda.  Enfilando la plaza del Polideportivo. Carritos y perros que acompañaban a gente.  Nadie con quien pegar la hebra ni dar los buenos días.  Los jardines de Can Sumarro, tan tristes.  Ni niños, ni aperitivo festivo.  Propuestas que se qu...