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Entradas

Harry Belafonte y el calypso

Pasó febrero, entró marzo y parece que no tenido muchas razones para publicar una nueva entrada. No puede ser. Vamos a ver si lo arreglamos con un poco de música. Harry Belafonte cumple hoy 85 años. Poca gente lo recuerda pero sus calypsos reverdecieron un poco cuando se estrenó "Bitelchus" . A mí éste me gusta especialmente porque lo he bailado por casa con la escoba y la fregona cuando cantar era un acto diario y natural. La música nos hace compañía en lo bueno y en lo malo. Nos da un subidón o nos permite regodearnos en nuestras miserias (cosa poco recomendable, por otra parte). Unas notas oídas al descuido nos transportan a tiempos perdidos, cercanos o lejanos. Aquellos que no tenemos ni voz ni oído -como es mi caso- quizá valoramos más la música y lo que puede llegar a transmitir y cantamos con desparpajo y desvergüenza aunque los que nos rodean se queden ojiplaticos. En una serie televisiva de hace ya algunas décadas, "Enredo" , una de las protagonistas...

Del brazo de un hombre

De la mano de tu padre y montada en los patines. Sabes que no te caerás, que te sostiene, que rectifica ese equilibrio precario que te da ir sobre ruedas a los seis años. Del brazo de quien amas, de su mano, de su cintura. En lo bueno y en lo malo. Para compartir y para soportar. Si tienes suerte será para siempre. Apoyo mutuo, que buena falta hace. De la mano de tus pequeños y siendo tú la protectora. Aunque el miedo y la responsabilidad te atenacen la mano no te tiembla y ellos la notan fuerte y segura. Del brazo de tu hijo, que vuela como puede y tropieza y se equivoca, pero es tuyo y nada podrá cambiar eso. Un momento brillante ponerte en la cola, entrar con él del brazo, verlo guapo y sano y creciendo y sintiendo que recuperas los lazos, fortaleces los vínculos, disfrutas de lo que tuviste, de lo que tienes y de lo que tendrás. Una noche de luz. (Imagen: fotografía personal)

Recibir un regalo

Hay gente que lo tiene todo en la vida. Vive entre el lujo y el exceso y aquello que quiere lo tiene antes de pedirlo. Cualquier cosa material que se compre con dinero está a su alcance. Es pobre gente. Hay gente que lo tiene todo en la vida. Vive entre el amor y la amistad y aquello que quiere lo tiene antes de pedirlo. Cualquier cosa que no tenga precio está a su alcance. Es gente con suerte. Hay quien abre un regalo y se desilusiona porque hay gente que hace regalos para salir del paso, para impactar o para demostrar lo que tiene. Es pobre gente. Hay quien abre un regalo y se le llena el corazón porque hay gente que hace regalos pensando en hacer feliz, en hacer sentir especial o para demostrar lo que quiere. Es gente con suerte. Somos gente con suerte quien ha ofrecido y quien ha recibido. Ricas como nadie. Gracias.

Fin de semana en familia

Estamos en Verdú , provincia de Lleida. Un pequeño pueblo en el cual ya estuvimos el año pasado. Hemos venido todos, los cinco. La casa es preciosa, calentita, cómoda, con mucho espacio y todo lo que se pueda necesitar. Estamos relajados, cada uno con sus actividades. Lectura, ordenadores, costura, campo, paseos, juegos... Conversaciones sin tensiones, riñas cariñosas... Hacía tiempo que nos costaba crear un clima así. Un pequeño avance de lo que volveremos a ser dentro de un tiempo, cuando crucemos el procesolo mar de la adolescencia y nos veamos en la otra orilla sin demasiadas cicatrices. Mientras, como el tiempo no puede ir hacia atrás, miremos hacia adelante. Con el desafío y el orgullo de lo que tenemos y de lo que nos merecemos. (Imagen: panageos.es)

Que alguien te dé las gracias

Cuántas quejas le damos a la vida. Cuántas veces sentimos -porque así ha sido o porque así lo hemos interpretado- que nos ningunean, que no somos valorados. Cuántas veces nos sentimos invisibles para los demás. Cuántas veces nos creemos fracasados. Hay días en que, a su final, nos creemos perdedores y sin ningún aliciente para seguir con nuestros esfuerzos. Hoy no ha sido uno de esos días. Ha sido un día luminoso desde primera hora de la mañana. Una compañera me ha dado las gracias con emoción, me ha dicho que la ayuda prestada y el trabajo hecho le han sorprendido, que es la primera vez que el puesto que yo ocupo le ha sido útil. Seguramente habrá tenido malas experiencias, habrá trabajado en centros donde, con mala suerte, no habrán respondido a sus expectativas. Pero el gesto de acercarse, de decir gracias, me ha emocionado. Burbujas de autoestima subiendo por las venas. ¡Que buena falta hacen! (Imagen: sinequanum.blogspot.com)

Lo que le pido al Año Nuevo

Paciencia para frenar la ira. Humildad para recibir sólo aquello que merezco. Alegría para repartir entre los que quiero. Sabiduría para obrar y hablar con tacto. Prudencia para contener los arranques innecesarios. Respeto hacia mi misma y hacia los demás. Ilusión que llene mis días. Amor que me consuele. Abrazos que me curen. Besos que me reconcilien con la vida. Amigos que me escuchen. Familia que me acoja. Compañeros que me tiendan una mano. Fe en lo que ha de venir. Consuelo en el dolor. Esperanza en la gente y en la vida. Templanza en el infortunio. Paz en mi casa y en el mundo. Momentos de luz que acorralen las tinieblas. Nada que se venda y nada que se compre. Nada fácil de conseguir. Todo artesano. Todo nacido en el corazón y en la cabeza. Todo tejido con la complicidad de los que me quieren y a quienes quiero. Todo difícil. Todo grande. Todo valioso.

El aire huele a Navidad

Hemos salido a dar un paseo en este último sábado de noviembre. Nuestra niña de la mano. Nueve añitos. No le da vergüenza ir con nosotros, ni abrazarnos en público, ni salir corriendo a darnos un beso entre la gente. El aire huele ya a la Navidad. Estaban colocando las luces. En algunos sitios ya estaban puestas pero sin encender todavía. La crisis ha llevado a una moderación que debía ser de sentido común: aún con las castañas en la boca debíamos lanzarnos a cantar villancicos y salir en tropel a hacer las compras. Es mejor así: un cierto "olor" a Navidad sin tenerla del todo presente, un cosquilleo ante lo que se avecina -familia, comidas, regalos, recuerdos- y una espera dulce cuando aún se tienen niños en casa. A veces todavía nos sorprendemos de lo poco que se necesita para sentirse felices unos instantes. Buscamos con ansia la felicidad cuando deberíamos conformarnos, como decía el gran Aberasturi , con ser "moderadamente felices". Bienvenida esta sensaci...