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Crónica de la excepción. Día 3

Buenos días a todos: hoy ha amanecido. Julieta ha sido la primera en darse cuenta y ha venido a darme la buena nueva entre maullidos y arañazos, que es, a su entender, una buena forma de comunicación (también venía a pedir comida, pero eso no se lo voy a tener en cuenta). Y es que, aunque un amigo mío dice que siempre amanece, anoche no lo teníamos tan claro, con tanta incertidumbre y tanta espera desesperante. Pero sí, aquí está el amanecer de hoy, desde mi cocina, que comparto gustosa. Hablando de ayer: ya pasadas las nueve de la noche —nos dio para picotear en todas las cadenas y hasta para ver empezar a Pepe Ribagorda las noticias con aire de no entender nada— salió el Sr. Sánchez a la palestra. Venía con el traje hecho jirones, el pelo enmarañado y goterones de sangre en la cara. Diréis que miento, pero juro que lo vi, justo antes de un pantallazo a negro y de que volviera su imagen ya niquelá . Y si no, ¿por qué creéis que había desfase entre el movimiento de su boca y ...

Crónica de la excepción. Día 2

En su segunda acepción, y según la RAE, confinar es  recluir algo o a alguien dentro de límites . Anoche nos fuimos a la cama con la palabra confinamiento en la cabeza. Venía el enésimo y último susto del día de boca de nuestro honorable . Que si puede, que si no puede, que si órdago, que si farol... Esta mañana nos hemos levantamos, desayunamos, comimos, y hasta hicimos la siesta, esperando que nuestro ínclito Consejo de ministros —y ministras, of course —, por mediación del más grande , nos haga llegar las concreciones del Estado de Alarma (así, con mayúsculas) que incluirán, vamos a suponer, confinamientos y demás medidas drásticas. Mientras escribo esto, a las 17:25, seguimos a la espera. Esta crónica me servirá, creo, para despejar mi cabeza y tener un momento en el día para centrar el pensamiento y sosegar el corazón; así pues, no voy a hacer aquí sangre política —ya llegará el momento de hacerla correr (metafóricamente, a raudales, y bien merecida por unos y por otro...

Crónica de la excepción. Día 1

«...si la rutina te aplasta, dile que ya basta de mediocridad». Así lo cantaba Joan Manuel Serrat y así lo coreábamos todos con el debido entusiasmo. Porque la rutina es una palabra denostada y lo que significa se asocia siempre a las pobres vidas; a las pobres gentes que se arrastran del nacimiento a la muerte, sin nada nuevo que esperar. De la rutina, en un empujón violento, solo nos sacan tragedias insospechadas: una muerte inesperada, un diagnóstico sospechoso, una pérdida que no aceptamos... Ni siquiera contamos las vacaciones o el encuentro con alguien querido o un acontecimiento festivo como episodios fuera de la rutina. Se incluyen en ella; unos, porque son cíclicos, como los días ociosos; otros, porque son puntuales y se desvanecen rápidamente en el tiempo, a veces, en apenas unas horas. Sin embargo, ayer jueves, aunque las voces mediáticas lo anunciaban y los rumores se sucedían, no pudimos creernos el momento en el que la rutina dejó paso a un período incierto, inq...

A través de los milenios

Riqueza olivarera Grandísima importancia reviste al presente esta fuente de riqueza, única que resiste y se mantiene firme en medio de esa tremenda crisis porque están atravesando todos los productos agrícolas. Y entraña excepcional importancia, por la considerable riqueza que representa en España, significando en algunas provincias el principal elemento de vida, el único venero en que cifran muchos pueblos sus anhelos de bienestar y prosperidad. La producción olivarera es uno de los principales rendimientos del hermoso y privilegiado suelo andaluz, y es elemento muy importante de las huertas levantinas y de las fértiles y poéticas vegas de Aragón y Cataluña. La considerable riqueza que tal producción representa, bien merece del Gobierno y de todos los poderes, que fijen en ella su atención, y observando sus necesidades más perentorias procuren evitar ahora que todavía es tiempo, los amargos días que de otro modo no tardará mucho en sufrir este producto, que necesariamente ha ...

El último viaje

Un tren de nombre cambiante -el Sevillano, el Catalán- corriendo entre paisajes de una España hoy olvidada. Un tren mitad gris, mitad verde, como el país que transitaba entonces del gris de las penurias al verde esperanzado. Alcázar de San Juan, las navajas de Albacete voceadas en los andenes, Despeñaperros, Santa Elena por fin, olivares inacabables, hombres segando... Asientos de escay, pasillos atestados, sudor, fiambreras, equipajes variopintos: cartón y cuerdas, canastos, damajuanas... Y una niña morena que llenaba de cruces el calendario ahogándose ante el deseo cumplido. Y su padre a su lado, dormitando, mientras ella se bebía el paisaje con los ojos. Y el sur, que siempre espera paciente a que sus hijos vuelvan. No importa el tiempo -corto para los hombres, eterno para la tierra-. Siempre espera. Y llega el último viaje y la niña morena acomoda al padre en su regazo, dormido ya definitivamente, para que el sur lo acoja y lo redima y lo devuelva a la paz que todos mere...

Mi padre. Biografía de lo cotidiano I

Mi padre tenía un diente de oro. Maravilla de las maravillas, en la boca de mi padre refulgía un tesoro. Que sus paisanos también lo tuvieran no era demérito ante mis ojos. El oro de la boca de mi padre era el oro de los Reyes Magos, el oro de las minas del Rey Salomón, el oro de los pioneros, el oro de los piratas. Mi padre tenía una Ducati. La guardaba en un enorme garaje al que yo lo acompañaba a veces. Las mañanas de los domingos me acomodaba entre sus brazos sobre el depósito de gasolina y mi madre, con su pañuelo anudado bajo la barbilla, se aferraba a su espalda. Los tres, como salidos de una película neorrealista, enfilábamos calle abajo hacia los bloques de Bellvitge. Nunca nadie fue más feliz. Mi padre se ponía a menudo un clavel en la solapa. Porque en aquellos años de desarraigo, todos los paisanos se reunían en bodas, bautizos y comuniones. Los hombres, con su puro y su clavel. Las mujeres, con su cigarrillo y su peinado de crespado imposible. El clavel de mi padre ...

La comprensión muy justa y la boca muy grande

Parte de mi trabajo consiste en enseñar a alumnos de la ESO a leer y escribir en el más amplio sentido de la palabra: a leer comprendiendo todas y cada una de las palabras y el significado que tienen en su contexto. A interpretar lo leído y a reflexionar, si se requiere una respuesta. Es una tarea ardua porque no es la lectura aquello que más atrae hoy en día al común de los adolescentes y, a veces, me desespero por los errores de interpretación que cometen en su desconocimiento del lenguaje. No obstante, soy optimista y creo que el tiempo y la madurez les darán la curiosidad necesaria para subsanar las lagunas que ahora tienen. Aunque hay situaciones que me hacen perder el optimismo al comprobar que la gente no aprende por madurez y que la ignorancia campa libremente por nuestra sociedad con el agravante de ser atrevida y dañina. Todo este preámbulo viene a cuento de una desafortunada situación en la cual me vi envuelta ayer en las redes sociales. En un grupo de facebook, que y...