Ir al contenido principal

Entradas

Crónica de la excepción. Día 41

Querida vida: En el tiempo en el que tú y yo nos llevamos conociendo, nuestra relación se ha basado en la confianza. En la confianza en ti y en el entorno social en el que estás generada, querida vida, he llevado a cabo actos por los que hoy tendría que darme golpes de pecho o, como mínimo, confesar, arrepentirme y redimirme. Así: - He besado y abrazado impetuosamente a familia y amigos queridos. - He besado protocolariamente a conocidos recién presentados. - He dado la mano en una reunión e, inmediatamente después, he dejado que esa mano cogiera un croissant allí dispuesto para deleite de los asistentes. - Me he acuclillado en el suelo para hablar con niños ajenos con los que coincidía casualmente. - He acercado objetos a desconocidos o conocidos que así me lo requerían, como un favor. - He dejado mi botella de agua, o mi vaso, o mi cuchara, para que algún allegado probara aquello que yo estaba tomando. - He estornudado o me han estornudado al ladito, sin ac...

Crónica de la excepción. Día 40

Hoy se cumple la cuarentena de la excepción. Cuarenta días desde el primero en el cual ya no pude salir a trabajar con normalidad como un viernes cualquiera. En estos cuarenta días ha habido de todo: momentos de mucha esperanza y de mucha desolación. La pena terrible de ver acumularse las muertes y los contagios y el optimismo de haber llegado, quizá, a ese punto en el cual las cosas solo pueden mejorar. Ha habido días de sol, radiantes, que tiraban de nuestra alma hacia la calle y días, como los tres que llevamos, en los que la lluvia solo hace que remachar un poquito más este clavo de dolor. A las noticias ya no les hacemos mucho caso. A los vaivenes gubernamentales, menos. A los expertos que salen de debajo de las piedras donde estaban escondidos hace dos meses, menos todavía. Como mucho, nos centramos en la novedad más extravagante y esta es ahora la salida de los niños. Que van a salir el lunes que viene.  Primero, iban a salir a dar vueltas a la man...

Crónica de la excepción. Día 39

  Así hemos empezado la semana, como la acabamos: lluvia y lluvia. Sin parar. Mansa, sin alharacas. Pero profundamente triste, acompañándonos en el duelo abierto en el que estamos todos. Y no sé qué escribir. La política, el humor, las andanzas en el Mercadona, las previsiones sobre nuestra salida futura... todos los enfoques parecen malos en un día como hoy, pero escribir es terapéutico y sanador. Y a ello voy. Cuando trabajo con mis alumnos las categorías gramaticales y hablamos de los sustantivos, les enseño a clasificarlos: común o propio, abstracto o concreto, singulares y plurales... Y, entre estas clasificaciones, contables o no contables. Los contables son aquellos sustantivos que se pueden separar en unidades, es decir, entidades que se pueden contar. Así, una manzana, diez ventanas, dos mujeres... Los no contables son los que designan entidades que no tienen unidad o que carecen de plural. Así, el aire, la alegría, el arroz... A veces se lían, porque...

Crónica de la excepción. Día 38

Esta fotografía, que es la única que va a ilustrar la crónica de hoy, es un pantallazo de una noticia publicada por El Periódico  en su edición digital de ayer, 18 de abril. Fue en paralelo con el folleto-panfleto que se publicó en el Canalsalut de la Generalitat de Catalunya y que incendió las redes y avivó la polémica a última hora de la noche. No voy a comentar, aunque mucho se podría, sobre dicho panfleto y sus instrucciones descabelladas, ni sobre el juego político que supuso su publicación, ni sobre los intereses que unos y otros están poniendo sobre el tapete sin pudor ni vergüenza. Solo voy a leer con vosotros lo que se dice y lo que significa y cómo, a estas alturas de la situación, estamos tan anestesiados o abducidos o resignados, o vaya usted a saber qué, que nos impide salir a los balcones a gritar como locos que basta ya, que estamos dispuestos a extinguirnos si hace falta, pero como seres humanos dignos y no como un rebaño hacinado camino del matadero...

Crónica de la excepción. Día 37

Los seres humanos estamos diseñados para la felicidad. Por naturaleza. Hay excepciones, claro. Todos conocemos a esos mohínos que hacen de la alegría motivo de preocupación. Pero hoy no vamos a hablar de ellos. Otro día. Solemos ser felices por lo que hacemos, lo que tenemos o, incluso, solo lo que anticipamos. Y esa es la felicidad de la buena, aquella a la que se le dedican sesudos estudios o poemas resplandecientes. Y luego está la felicidad en modo maldad, como yo la llamo. Es decir, qué feliz que soy no por lo que hago, sino por lo que no tengo que hacer.  Y me han dado ganas de explicaros qué es esa felicidad en modo maldad, por si os fuera útil en algún momento del día y pudierais aprovechar para ponerla en práctica, ahora que disponéis de tanto tiempo. Porque hay que ver la de tutoriales y recomendaciones y consejitos que nos están dando. Es un bombardeo continuo (e inútil, añadiría yo). Porque, a ver, escúchate Rigoletto, La Bohème y Tosca del tirón . No ha...

Crónica de la excepción. Día 36

Hoy he sacado el coche a pasear.  Que dicen mucho de los perros, ahora hablan de los niños...  Pero, ¿y los coches?  Ya sé que no son esas cafeteras que se morían de la pena si no los movían en tres días, pero el mío llevaba ya su mesecito largo esperando pacientemente a que fueran a por él. Así que, sobre las nueve de la mañana, lo llevé a dar una vuelta a la manzana: salir por el aparcamiento, girar a la derecha, enfilar mi calle y giro en redondo para entrar en el Mercadona. El pobre se quedó como consternado; supongo que esperaba sus buenos 100 km —qué menos—, sus parones en los semáforos (que es muy moderno y muy ahorrador y se para del todo), su viento en el parabrisas... qué sé yo, lo que todo coche creo yo que se muere por hacer. Pero no, ese ha sido el paseíto. Y gracias. Como se puede apreciar, yo iba enfundada en mis guantes. No aquellos glamourosos de cabritilla, con sus agujeritos y su enganche hacia el pulgar. No aquellos que utilizaba...

Crónica de la excepción. Día 35

Antonio Machado, por boca de Juan de Mairena, nos enseñó muchas cosas. Su voz, siempre sabia, nos ha hecho mejores lectores, mejores oradores, mejores escritores; mejores personas, en definitiva. En uno de mis libros de BUP (ay, ese añorado BUP en estos tiempos de la ESO), aparecía este conocidísimo fragmento, en el capítulo en donde Juan de Mairena habla a sus alumnos: —Señor Pérez, salga usted a la pizarra y escriba: «Los eventos consuetudinarios que acontecen en la rúa». El alumno escribe lo que se le dicta. —Vaya usted poniendo eso en lenguaje poético. El alumno, después de meditar, escribe: «Lo que pasa en la calle». Mairena. —No está mal. Mairena —Machado— rechaza lo difícil, lo artificial, lo recargado, lo barroco, la vuelta sin sentido en busca de una palabra o una expresión que conceda la pátina de inteligencia que se supone que se ha de tener. Mientras, brillando como una piedra preciosa, esperando humilde, están esas otras que hacen del lenguaje algo fluido,...